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Encontrar una lengua

Recuerdo con agridulce sensación un episodio de hace más o menos un año: J.C. me reclamaba por haber hecho (ilícito) uso de una frase, concretamente, del concepto de Vida Guapa®. La discusión giraba en torno a los derechos de autor de la construcción. Hasta donde yo sé, las pláticas de café no son aún materia de la propiedad intelectual; sin embargo, esta discusión de pronto se tornó en un debate de corte ético en torno a la objetividad de información en mi blog.

En MI blog. El reproche dejaba entrever una intención de rigor informativo que, de entrada, yo nunca pretendí tener. Lo aclaré y lo aclaro de nuevo: no pretendo con este blog hacer periodismo. No soy periodista de profesión, ni tengo intenciones de serlo. Mi blog no puede, bajo ningún parámetro, ser comparado con el famoso mainstream mediático. Bueno, de hecho, sí puede ser comparado: yo mismo he caído varias veces en el error. Y ciertamente, no soy el único. El debate en torno a la credibilidad blogger por sobre la credibilidad de los grandes medios informativos es el tema de moda en la discusión cuasi-política del periodismo actual. La gran pregunta (y, en el fondo, el gran miedo) es si los blogs habrán de sustituir en algún momento a la industria informativa formal; si los blogs implican una falta de credibilidad ante los medios masivos; si escribir un blog tiene la siniestra y anárquica intención de darle en la madre al Sistema™.

El rigor periodístico, sujeto a la “verdad evidente�, a la denuncia honesta y a la claridad informativa, tiene su lugar en el periodismo. El problema es cuando este rigor, esta suerte de Diosa Objetividad™ quiere extrapolarse al blog, como si el hecho de escribir en un medio más-o-menos masivo hiciera que uno fuera periodista de microondas.

La exigencia de rigor tiene base en una certeza que no es, de principio, cierta: la Gente® le cree más a los blogs que a los periódicos (y es aquí donde anida la apocalíptica e inverosímil muerte de los mass media frente al fenómeno blogger citada párrafos ha). Vamos haciendo aquí una diferencia: nadie en su sano juicio le creería más a un blog que a un periódico cuando se trata de ciertos temas. Sería como creerle más al marchante que al Secretario de Economía en cuestiones de PIB anual. La credibilidad del blog consiste en su humanidad: yo le creeré más a alguien que vivió en carne propia los atentados del 11 de septiembre cuando me cuenta sobre el terror que dominaba la escena. Pero no tengo por qué creerle más si el tema son los motivos que tuvo Osama para tumbar las torres. Es decir: el Big Picture dado por el periodismo no puede ser sustituido por blog alguno. La veracidad (y la credibilidad) de la información blogger se remite a la experiencia, y no tiene por qué existir la noción de que alguien que escribe su diario, de que alguien que no atiende a intereses ni tiene una responsabilidad periodística que seguir, dirá bajo cualquier motivo la verdad.

No: el blog no puede sustituir de ningún modo al periodismo formal, sencillamente, porque carece de la maquinaria logística detrás de la obtención de datos duros. La discusión de la intrusión del blog en los medios informativos es baladí; en todo caso, es una discusión que deberían sostener los periodistas con miras a la depuración de su labor. El blog puede intrometerse, en todo caso, en cuestiones opinativas y de análisis, siempre con la conciencia de que el blog suele ser un mensaje perfectamente subjetivo y limitado. Volviendo al ejemplo del marchante y el secretario, yo le creería más al marchante si el tema fuera qué tanto la gente ha dejado de comprar tomates esta semana.

El blog, entonces, no juega más que en el Little Picture: en meras apreciaciones subjetivas, en análisis personales, en la opinión. Es un complemento del periodismo más que su competencia, y, si los bloggers toman su labor en serio, los periodistas podrán abocarse con toda tranquilidad a la mera labor informativa. En realidad, el quid de la discusión blogger debería ser otra: yo no soy un abogado de la gran ciudad (y me agarro los tirantes como Homero), pero podría firmar que las posibilidades del blog no están en una dimensión informativa, sino en una dimensión dialógica. El valor de tener acceso a la escritura y a la lectura de un blog, es que esta posibilidad es infinita (sic): uno puede escribir tantos blogs como la psique se lo permita, y puede leer tantos como su estómago le dé licencia. No hay que tratar de imaginar las posibilidades periodísticas del blog, sino sus posibilidades para el diálogo: la posibilidad de encontrar una nueva lengua, un esperanto posmoderno, con la cual podamos entablar nuevas y más sofisticadas conversaciones, alejadas, como buena comunicación informal, de exigencias, pero dotadas de sentido y de creación.

Vienen a mi mente dos frases: Finn, en “Great Expectations�, comienza diciendo: “no contaré esta historia como fue, sino como la recuerdo�. Por otro lado, pienso que bloguear es como dijo en alguna canción Sanz: “yo quiero regalarte una poesía, tú piensas que estoy dando las noticias�.

(Este post fue inspirado por varios textos: primero, el artículo del Mtro. Carreño intitulado “Blogósfera y corrupción mediática“; segundo, por la relfexión que WOM hace sobre el elitismo blogger y su posibilidad de veracidad extraoficial; tercero, por la aclaración que el Sr. Leal hace sobre la creación de noticias; finalmente, por este texto, que tuvo las humildes pretensiones de ser un análisis semiótico sobre el fenómeno blogger.)

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