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J.

Mi abuelo paterno era natural de Oviedo, Asturias. Nació en el año de 1927, lo cual le llevó por injusticia divina a vivir la guerra civil española a la tierna edad de diez años, sin más defensa que el exilio. Con sus pantaloncillos cortos debió haber abordado un barco hacia las américas que habrían de darle una esposa (también española), tres hijos, un alcoholismo de aguacatero, un accidente con un camión en contrasentido sobre Xola, y una trágica muerte de película. Su nombre: José Díaz.

Mi padre fue el primogénito. Vivió su infancia entre historias con enormes perros llamados Zeus, naranjas y camiones de rediles. Cuando joven se le podía encontrar parecido con Shaggy, usaba pantalón acampanado y se dejaba el cabello á la Lennon. A pesar de que toda su vida quiso ser escritor y/o psicólogo, terminó siendo Ing®. Su historia, muy parecida a la de Anakin Skywalker; su nombre, José Díaz.

Yo nací en el seno de una familia de clase media esforzada a mediados de los ochenta. Los soviéticos aún eran los malos, las computadoras ocupaban un cuarto entero, y el año 2000 todavía estaba plagado de autos voladores. Fui el complicado primogénito de una pareja que se había encontrado a deshoras. Mi padre tenía por aquel tiempo una obsesión con el Cid Campeador, y mi madre, a su vez, otra con mi padre. Mi nombre: José RODRIGO Díaz.

Nunca he sido un personaje simple. Soy un buen modelito de mi tiempo: desde que tengo memoria he peleado por conseguirme una personalidad propia y diferenciada del resto. La historia no ha sido sencilla: hay algunos recientes road trips que lo aseveran. Uno de los highlights de esta pugna por la autenticidad fue desde un principio el nombre: alejado de una conciencia pseudo-noble que me hubiese hecho utilizar el nombre heredado de mi padre y mi abuelo (sería José Díaz III), me di a la tarea de dejar el “Rodrigoâ€? como mote. El nombre fue deformado varias veces, como es natural: me he llamado en una sola vida Rod, Rodri y Ro. Sin embargo, toda denominación se ata en lo posible a la original, y todos contentos. Cuando iba en el CUM (ese lugar donde la gente sólo tiene apellido y número de lista) me molestaba de sobremanera ser llamado simplemente “Díazâ€?. No: la personalidad no tiene apellidos. Me afané en borrar de mis documentos el “José”, o, cuando menos, reducirlo a una elegante inicial. Todo con miras a ser identificado por lo que soy y por lo que me he hecho, por mi propia y original majestad. Con el tiempo, llegué a crearme un pseudónimo artístico: Ruy Feben (Ruy por cómo me decía mi padre de pequeño; Feben es el híbrido entre Febo, dios del sol y la creación, y Ben, signo maya de la manifestación artística). Tanto desmadre sólo para dejar claro que yo soy quien he decidido ser. Cuestión zanjada.

Ya les he platicado de Pfizer. Como todo, tiene sus cosas buenas y sus cosas malas. De éstas últimas, una de las peores es la burocracia y el corporativismo. Resulta que el sistema de intranet registra a los empleados con su primer nombre y apellido paterno. Nada más. De tal forma que la gente de Pfizer lo conoce a uno sólo a través de estos denominativos, sin ahondar en cuestiones de herencia, personalidad o esfuerzos.

Hoy iba saliendo de la oficina, cuando un colega del área de finanzas me reconoció a lo lejos. Alzando la mano, gritó a lo largo de todo el pasillo:

¿Qué dices, José, cómo va todo?

José.

De pronto, sentí como todos esos años de búsqueda y encuentro, todo el esfuerzo puesto en borrar de mi historial referencial el nombre prohibido, se diluían por las miradas de los demás colegas, que en ese momento identificaron a este muchachón con el nombre de la herencia que tanto le ha costado sublimar.

Lo peor de todo, lo peor, es que yo no titubeé en regresar el saludo y hasta ofrecer una cálida sonrisa. No me cayó el veinte de que mi personalidad y mis años de esfuerzo habían sido ultrajados de cuajo por la pronunciación del nombre prohibido sino hasta que estaba lo suficientemente lejos como para hacerme pendejo.

*sigh*

2 Responses to “J.”

  1. WallacE Says:

    Esto es lo más horrible que he leido en mucho tiempo.
    Es un presagio,no una maldición consumada. Hay solución.
    Te lo dice alguien que padece de un mal similar pero que decidió conservar su primer nombre para demostrar que la tercera es la vencida (espero…).

  2. Anonymous Says:

    Para la otra ya sabes que en tu “CV”, “Currículum”, “Resume”, “Ridículum”, o como quieras llamarle, también debes abreviar y poner sólo “J.”

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