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Siete Dioptrías: el Epílogo

¿Sigue usted preocupado por saber qué ocurrió con los muchos cabos sueltos después de los tres capítulos anteriores (el 1, el 2 y el 3)? Bien. El breif:

- Después de llorar profusamente, rodeado de estatuas sanguinolientas que conmemoran tortuosamente el albur histórico del racismo, caminé a tientas por las calles de Berlín, hasta llegar a Glasses. Me dieron mis gafas, y noté que no veía bien, situación que no mejoró en absoluto por el resto del viaje. Quizá mi disminuida visión fue la culpable de mi irracional odio hacia �msterdam. Después de una semana logré adaptarme a las gafas, y París, si bien helado, no me sorprendió tentando sus chapopotescas carnes.

- No compré un candado, ni volví a hospedarme en hostales de más de cuatro habitaciones. Por ello, terminé durmiendo una noche en el metró de París.

- Chilenísimo Nacho® y yo nos despedimos sobre un tren que tomamos una helada madrugada en Östbahnhoff; él viajaba a Rótterdam a visitar a un amigo de la infancia; yo, a �msterdam a desencantarme de las fijaciones hippitecas de mis compañeritos universitarios. Por el accidente de un destino que ya no soportaba nuestra convivencia (o por maquiavélica planeación del sudamericano, después de haber visto como el frío me orilló a envolverme con mi robada manta de Iberia, al tiempo de estar rodeado de alemanes de clase trabajadora), nuestros boletos nos escupieron hasta vagones completamente distintos y tanto más lejanos. Ninguno de los dos hizo el menor esfuerzo por cambiar lugar con alguien: nos limitamos a asumir que el otro tendría la delicadeza de despedirse antes de bajar del tren. Él se acercó primero, me estrechó la mano, y auguró acaso un encuentro casual en París o Brujas. Esto nunca sucedió. Y a pesar de que le he escrito un par de correos (sin muchos bríos o insistencia), no he vuelto a saber de él.

- Al enterarse de la controversia del nombre del vegetal picante (ají vs chile), algunos amigos comenzaron a planear una invasión á la Villa, sólo que con miras en Santiago de Chile. Lo más cerca que han estado de lograr su empresa fue cuando se pusieron la peda de su vida en Santiago de Querétaro. A final de cuentas, después de que un detractor del nombre original del vegetal argumentó que los chilenos ganan por tener mayúscula al principio del nombre, decidimos remitir el caso a un juez, que, con risa fingida, nos mandó al carajo después de decretar que el chileno ya es otro idioma, por lo cual “ají� corresponde a las correcciones de la traducción.

- Yo nunca pude ver bien con las gafas de Glasses; sin embargo, la pésima economía que sucedió la odisea de Europa, me impidió remediar la situación durante un buen rato… dos años, para ser precisos. Hasta hace unas pocas semanas pude sustituir esos espantosos armazones despintados por estos flamantes quevedos de geeky pasta.

- Y desde ese viaje, cada vez que escucho a alguien con acento chileno, siento una burda mezcla de asco y nostalgia. Algo así como comer hígado encebollado.

4 Responses to “Siete Dioptrías: el Epílogo”

  1. El Conde de Almaviva Says:

    1. El chile es chile y que se dejen de tonterías.
    2. No recuerdo los otros lentes, pero estos te sientan bien.
    3. Ya cambia tu imagen del blog, ya estás calvo, jejeje.
    4. Insisto, nos vamos a juntar con Rómulo a platicar de anécdotas en el Viejo Continente. Entre los 3 armamos un buen guión para la próxima película de Chevy Chase.

  2. Anonymous Says:

    Yo leí los tres capítulos y jamás entendí el conflicto “ají vs. Chile”
    ¿de que se trata?

  3. Ruy Feben Says:

    “chile” es el nombre con el que conocemos en México al vegetal picante.

    En Chile lo llaman “ají” por las evidentes inconveniencias lingüísticas.

    La discusión sobre cuál era el nombre real del vegetal es la controversia que terminó por aridecer toda posible amistad entre el chileno y yo.

  4. claxon » Blog Archive » notas de viaje (y otras fotos) Says:

    […] Como siempre, explicar el viaje en términos de una historia sería (casi) aburrido (salvo cuando no). Así que mejor dejo algunas notas de viaje, que serán más ilustrativas y, espero, más […]

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