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Más allá del Libro Vaquero

Para nadie es cuestionable (ni novedosa) la famosísima sentencia de que “en México, nadie lee“. Lo sabemos, lo vivimos, y hasta parece que nos hace felices: la mayor parte de la información/cultura que le llega a buena parte de la Banda proviene de ese inagotable e irrefutable borbotón de datos y sonrisas que se llama TV. Los bajos índices de lectura suelen referirse a libros, tesis (de éstas ni se habla: su único destino posible es el anaquel más oscuro de la biblioteca de una universidad), ensayos, novelas, cuentos, y demás producción intelectual o artística. Pero el déficit no se limita a la literatura en forma; porque los mexicanos tampoco leemos el periódico. Hoy en la Ibero hubo una conferencia sobre periodismo elegantemente intitulada: “¿Por qué leer periódicos?”. Amén de las presentaciones de Lajornadistas y demás especies en peligro de credibilidad, el ciclo comenzó con unos numeritos muy interesantes, que les paso a continuación:

- Los niveles de lectura periodística en los países escandinavos ha bajado en los últimos cinco años, mientras que en el resto de Europa se mantienen altos.

- En Asia la estadística es más positiva. Tan solo en los últimos tres años, 37% de la población de Malasia ha tomado la lectura de un periódico como hábito.
- Ahora; en Latinoamérica, las cosas están más bien peludas: para empezar, no se cuenta con datos certeros, ya que las empresas dedicadas al periodismo no están dispuestas a revelar cosas como su tiraje. Además, los pocos datos que hay, son poco confiables.
- Tenemos, sin embargo, algunas cifras escrutadas por IBOPE. Por ejemplo: sólo el 5% de la población de Bolivia lee ocasionalmente el periódico.
- En lo general, se estima que los índices de lectura en toda Latinoamérica van a la baja.
- Se expuso el caso de tres países representativos: Brasil, Argentina y México.
- Lo interesante es ver qué segmento de la población consume medios periodísticos impresos en cada país: en Brasil, es la clase alta la que más consume periódicos; en Argentina, la baja; en México, la media baja.
- La tercera parte de la gente que lee el periódico en México, radica en Chilangia.
- Los mexicanos que más leen periódicos en México tienen entre 25 y 34 años. Los que menos, entre 20 y 24.
- Sólo el 20% de la población mexicana confía en la información que recibe de los medios informativos. Cosa curiosa, si nos damos cuenta de que la mayor influencia de compra para el mexicano son los medios de comunicación.

- En cada uno de los tres países latinos citados se hizo un estudio psicográfico (o sea: un mapa de las tendencias de pensamiento de la sociedad). Y quedaron así:

Los argentinos se interesan por trabajos que mejoren el medio ambiente, ya que consideran que es un área descuidada por su gobierno. La mayor parte de ellos se considera teleadicto, creen más en las noticias de la radio, y dicen ser perfeccionistas.

Los brasileiros buscan trabajos dedicados a buenas causas, se consideran buenos para arreglar cosas, les laten los eventos internacionales, son críticos ante sus medios, y consumen revistas de forma compulsiva.

Acá en Nopalandia es algo así: creemos que necesitamos mejorar el medio ambiente, decimos que somos buenos para arreglar cosas, nos gusta tomar riesgo, estamos satisfechos con nuestro lifestyle y nos consideramos work-a-holics, vamos un chorro al cine… ah, y vivimos bajo la premisa de que “beber es para emborracharse”.

De este fantástico mogollón de datos podemos sacar varias conclusiones, a saber: el futuro de los medios en México, a como están las cosas, es la publicidad, pero necesita una reestructuración que los haga más creíbles; algo pasa entre los 24 y los 25 años que hace que los adultos contemporáneos se pongan a leer; es la quinta parte del país la que consume por todo el resto, y es el DF el único lugar que parece necesitar información. Y que el trabajo, las playas vírgenes y la bebida son los tres ingredientes de la Felicidad Latina.

La cosa es que dos cosas: primero, ¿qué tanto se puede/debe confiar en estos datos? No lo sé. No creo en la estadística, pero sí creo que lo que vivo todos los días se parece bastante a estas cifras: sé que es la clase media mexicana (sus ruinas, vaya) la que todavía se preocupa un poco por producir nuevos caminos para el cambio. Sé que la Banda prefiere ver la tele antes que leer, y, sobre todo, sé que estas cifras ignoran otra cuestión, quizá mucho más relevante que saber que los mexicanos somos adictos a la adrenalina del riesgo (pensé que eso era claro después de Fox): la calidad de la lectura es, en muchos casos, pé-si-ma.

No se trata de saber si el 20% de la población nacional lee el periódico; se trata de saber qué tipo de periódicos se leen, y averiguar qué hay detrás de ellos. Hay un teórico de comunicación de apellido Chomsky que explica muy bien la lógica detrás del medio, y aquí un brief: los medios son propiedad de la gente que puede tenerlos; esa gente, seguramente, se vincula con altas esferas de poder; esferas que no tendrán reparos en condicionar la información que se maneja en los medios de sus amiguis. En otras palabras: la información es de los poderosos. ¿Y qué hacen con ella? No: no nos manipulan; nos distraen. Así que es muy fácil entender por qué los periódicos que más se leen en México son el Récord, Metro, Alarma (si es que aún existe), y demás publicaciones de nota roja o amarilla.

La segunda cosa tiene que ver con eso. ¿Cuál es la relación que los latinos tenemos con nuestra propia información? ¿Qué exigimos de nuestros medios? Solemos echar culpas por todos lados, pero no tenemos la capacidad de entender que la información se genera. El uso que los mexicanos (y los latinos en general, al parecer) hacemos de la información es muy limitado. No existe una demanda de parte de todos que intente siquiera apropiarse de los medios y usarlos. Nos hemos conformado con saber que la elite los maneja, y que seguramente los manejan con la mejor de las intenciones. No digo que sean los malos del cuento, pero, ¿no habría que pensar en la forma de hacer de los medios de comunicación verdaderos medios de comunicación? Para ello habrá que apropiarnos de los medios. No, babas, no en el sentido futurista del término, no con revueltas, huelgas e invasiones. Debemos convertirnos en críticos inteligentes, en productores de información, opinión, crítica y análisis. De otra forma, Latinoamérica, antes de lograr el desarrollo alcanzado por los takatakas (ellos sí leen), se sumirá en una depresión socio/económico/cultural peor que la que vivimos.

Por lo pronto, el Departamento de Promociones y Dádivas del Claxon, pone a su servicio tres links de algunas agencias noticiosas y periódicos mexicanos, a continuación:

El Universal
La Jornada
Notmiex

Disfrútelos. Léalos. Destrócelos. Y gocemos todos.

6 Responses to “Más allá del Libro Vaquero”

  1. El Terrible Funk Says:

    Creo que también sería interesante rescatar el libro vaquero como parte de la cultura y los imaginarios de lectura mexicanos mi estimado Rodrigo.
    No dudo que pronto se ponga tan de moda como el Memín Pinguín al ser prohibido por la Biblioteca Pública de Denver.
    Sin duda, definitivamente la lectura del periódico es sumamente importante y debería serlo más para una cultura como la nuestra que se maravilla por el escándalo y se deja arrastrar por cuanto jalón de greñas se sucita en la escena política del país.

    Más creo (al igual que tu, y corrigeme si te di una mala lectura) que habría que fomentar la formación de un criterio en los individuos antes de elegir una publicación de cualquier tipo, así como generear los medios para que los jóvenes, adultos y ancianos se interesen más por las realidades sociales del país.
    Desafortunadamente muchos siguen actaundo de manera pasiva ante este tipo de sucesos y no demandan de los medios de comunicación una educación que haga pensar al individuo, ojo, no quiero decir que todos los canales de TV o los medios impresos deberían ser como el 11 o el 22, letras libres saber ver, también es necesario el entretenimiento, pero cuando le cambias de canal y te encuentras con cosas como la madrastra si te dan ganas de darte unos buenos topes enla pared.

    Échale un ojo a consumidores ciudadanos de García Canclini.

    Saludos.

  2. Anonymous Says:

    esa el la razon principal por la que me hice ateo.

  3. petit-mortem Says:

    Ruy Feben para el 2006!

    Saludos

  4. petit-mortem Says:

    x cierto, gracias por la recomendacion de Canclini… fui directito a mi Gahndi de confianza y me fui pa tras como Condorito al darme cuenta del precio del libro….

    Se que no es excusa, pero si de por si el publico lector es reducido, los excesivamente altos precios (o tal vez mi excesivamente baja economia, como lo quieras ver…no, corrijo, -yo no gano el salario minimo ni mantengo a una familia, de hecho me va bien- los excesivos costos de un libro…) hacen que uno tampoco se anime.

    He dicho.

    P.S. Espero que cuando estés en los Pinos pongas una solucion a eso

  5. lupilstinskin Says:

    Es una realidad la piratería es la mejor amiga de los pobres o un medio extraño de reveldía ante los impuestos y los abusos, io estoy a fovor de los derechos de autor, pero no mandhces luego se pasan. Y opor desgracia no está muy de moda que digamos eso de hacer libros pirata, jejeje con respecto a lo que la joven dijo sobre el precio, pues es un clrao impedimento, aunque siempre hay librerías de segunda mano, la bronca es el cuidado que se le da a los libros.
    Punto y aparte de l oque se pueda decir io creo que estamos regidos por la ley del mínimo esfuarzo, les apuesto que si vendieran fantabulosas píldorasvque nos hicieran obtener de manera casi instantánea el contenido de los libros, se venderían como pan caliente, ya ven que la pastillería anda de moda.
    jejejeje te imagino con la banda presidencial y me muero de risa

  6. lupilstinskin Says:

    en lo personal me encantan los libros, leerlos, verlos manosearlos (por eso terminan hechos una lástima), olfatearlos (sobretodo los más viejos y polvosos aunque me de alergia), descubrirlos, buscarlos, contemplarlos y sobretodo poder comprarlos (cuando milagrosamente puedo jajaja)

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