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Literaria

Yo no sé por qué en Argentina se les da mejor eso de la ficción-ficción. Porque hay que admitirlo: en México tenemos una fijación por anclarlo todo en uno de tres fondos: la apabullante realidad social (como Servidor®), la experiencia propia, o los lenguajes abstractos. Se nos dan muchas inventivas, el buen gag, la picardía y el albur. Pero no se nos da la ficción. Pensemos en escritores mexicanos: un Fuentes que no puede soltar el mítico pasado azteca; un Rulfo desdibujado en blanco y negro, bajo la premisa de que Pedro Páramo es inocente; Octavio Paz retumbando sus pasos por los laberintos empedrados, y un humilde pero agigantado Monterroso que apenas dejó Guatemala, se volvió de pronto crítico social de buen decir. No: en México nos preocupa demasiado nuestra realidad, nos aplasta demasiado como para tener el tiempo de convertirla en ficción. Suficiente tenemos con debatir si la realidad ha sido demasiado ficcionada o si nos hemos creído con pompa nuestras propias ficciones.

Cuando viajaba por Europa (viaje que ya he referido hasta el cansancio en esta serie de aventuras), tuve a bien conocer a un buen compadre. Entre otras cosas (como un discreto mostacho á-la-Garcés), este compadre tenía tres puntos de procedencia que no podían más que hacerlo un personaje en todo su jugo. Y es que resulta que Martín era argentino, judío, y escritor (que no por ser cualidad adquirida deja de ser una fuente de procedencia). Un personaje sencillamente delicioso, caminante del viejo continente, lector adicto a Cortázar, roady de Radiohead y francoparlante empedernido. Además, sus puntos de partida lo habían convertido, ya entonces, en un gran escritor, en un envidiable escritor. Ayer me enteré de que tiene un blog en el cual sube cuentos ocasionalmente, y yo, sin retraso, se los paso al costo, recomendándolo ampliamente. Así que, sin más, el blog de Che Martín Sucari.

Pero hay excepciones. Ayer mismo me topé con el libro de un cofrade de la Ibero. Y he de reconocerlo: es le los libros de cuentos/poesía/ensayo mejor realizados que he leído en los últimos meses. Su nombre, Arturo Sánchez Meyer; su cuna literaria, Ciudad Satélite; la venta de sus libros, en mi mail; su obra, digna de ser compartida en dos fragmentos que quizá, como a mí, le abra a usted, querido lector, un pedacito de pasado entre tanta sincronía:

Mientras tú y yo dormíamos, nuestros cuerpos estuvieron hablando por muchas horas… Se dijeron cosas que nunca sabremos, se hablaron así, como nosotros no podemos. Se hablaron en silencio.

Quédate un poco, mira; afuera la noche está esperando para clavarte los colmillos, quédate un poco. Eva, quédate un poco. Un último trago, sólo otro más, eso es todo.

2 Responses to “Literaria”

  1. El Terrible Funk Says:

    Pos ni modo, entonces a nosotros nos toca sentar cabeza o meternos de lleno a eso del albur.

  2. Adrián Says:

    Yo propongo que invadamos Argentina,
    recuperemos las Malvinas, conquistemos el Antàrtico, esclavicemos a la gente que vale la pena en su país y los importemos a México.

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