Literaria
Cuando viajaba por Europa (viaje que ya he referido hasta el cansancio en esta serie de aventuras), tuve a bien conocer a un buen compadre. Entre otras cosas (como un discreto mostacho á-la-Garcés), este compadre tenÃa tres puntos de procedencia que no podÃan más que hacerlo un personaje en todo su jugo. Y es que resulta que MartÃn era argentino, judÃo, y escritor (que no por ser cualidad adquirida deja de ser una fuente de procedencia). Un personaje sencillamente delicioso, caminante del viejo continente, lector adicto a Cortázar, roady de Radiohead y francoparlante empedernido. Además, sus puntos de partida lo habÃan convertido, ya entonces, en un gran escritor, en un envidiable escritor. Ayer me enteré de que tiene un blog en el cual sube cuentos ocasionalmente, y yo, sin retraso, se los paso al costo, recomendándolo ampliamente. Asà que, sin más, el blog de Che MartÃn Sucari.
Pero hay excepciones. Ayer mismo me topé con el libro de un cofrade de la Ibero. Y he de reconocerlo: es le los libros de cuentos/poesÃa/ensayo mejor realizados que he leÃdo en los últimos meses. Su nombre, Arturo Sánchez Meyer; su cuna literaria, Ciudad Satélite; la venta de sus libros, en mi mail; su obra, digna de ser compartida en dos fragmentos que quizá, como a mÃ, le abra a usted, querido lector, un pedacito de pasado entre tanta sincronÃa:
Mientras tú y yo dormÃamos, nuestros cuerpos estuvieron hablando por muchas horas… Se dijeron cosas que nunca sabremos, se hablaron asÃ, como nosotros no podemos. Se hablaron en silencio.
Quédate un poco, mira; afuera la noche está esperando para clavarte los colmillos, quédate un poco. Eva, quédate un poco. Un último trago, sólo otro más, eso es todo.

Septiembre 7th, 2005 at 8:44 pm
Pos ni modo, entonces a nosotros nos toca sentar cabeza o meternos de lleno a eso del albur.
Septiembre 8th, 2005 at 8:30 pm
Yo propongo que invadamos Argentina,
recuperemos las Malvinas, conquistemos el Antà rtico, esclavicemos a la gente que vale la pena en su paÃs y los importemos a México.