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El camión de mi compadre Filemón que va al Panteón™

Todavía hay quienes no terminan de creer que yo, todo un intelectual wannabe de la Ibero (we), aspirante a la licenciatura de Comunicación, supuesto estandarte de la producción creativisisisisisisisisísima (we), dizque portento de las maravillas del arte de embarradita y de la filosofeada de paso, pues, que yo, personaje cuya carrera debería convertirlo en un exiliado de la Condecci a discreción, en paladín del retro cultural y la caguama-en-las-pedas-de-jardín-de-teca (we), prodigio improbable de una sociedad esclavizada por mercantilismo y fascismo intelecto-léxico-conceptual, vaya, que yo, niño de universidad popis con open mindness de marca, discursos incoherentes y críticas en oferta, tenis convers y lentecitos de pasta y pulseras de cuero, clases con Gómez-Mont y tertulias con alumnos de Umberto Eco, en fin: todavía hay quienes no terminan de creer que yo, un Niño Ibero™, viaje todos los días en Pesero™.

Pero sí: todos los días tomo, cuando menos una vez, el Pesero™ que sube de Metro Tacubaya™ a Santa Fe™. Y no sólo eso: también me subo al Metro™, línea naranja, normalmente de Barranca del Muerto a Tacubaya, cuando no es la verde vía Centro Médico al mismo destino. Y la verdad es que disfruto mucho viendo las asombradas caras de muchos compañeros y contertulios que de buenas a primeras dejan asomar rictus comparables con el huevo revuelto nomás porque resultó que el mundo no está donde debe estar. Porque todavía (hacer el fabrón cavor) hay quienes creen ciegamente en eso de que los niños-con-los-niños y la-banda-con-la-banda y no conciben que alguien que navega por las vicisitudes de la Regla de los Tercios™ pueda llevar su barquito por las aguas del Barrio Bravo™.

Mi parte favorita del día es cuando subo al Pesero™, Salvajemente Grupero™, para integrarme a un mundo con dimensiones. Para los que no han tenido el placer, una advertencia: el mundo de allá afuera tiene olor. Y clima. Por alguna extraña razón que desconozco, entre los ladrillos rojos y las grandes transnacionales enfrascadas caprichosamente en los prejuicios, el olor es un mero motivo de discusión teórica, y el clima es una ponderación arriesgada, quizá, en la clase de comunicación y tecnología. Disfruto viajar en transporte público porque me siento frágil, porque temo por mi ajuar y porque acecho los asientos. Disfruto viajar en Pesero™ porque, después de cinco años, aún no acabo de acostumbrarme al salto cuántico-dimensional que se padece al cruzar la glorieta desde los vendavales de techos de lámina, y darse de frente con la panacea de la modernidad encarnada en Televisa Santa Fe.

La vida en el barrio es distinta. La gente se saluda y gasta albures. Grita y se sienta en las puertas a tomar el sol o el fresco. Se persigna al pasar frente a un templo. Hay un hombre que vive en un tendete caprichosamente armado con restos de basura, metros antes de un enorme multifamiliar. Su mascota es un desproporcional montón de basura. Siempre se le encuentra hurgando, peleando los restos de ropa con los perros, desmenuzando cosas, encendiendo boñiga urbana para simular que no padece frío. Casi frente a él hay una casa cuyos habitantes nunca he visto, pero he llegado a conocer morbosamente, gracias al tendedero improvisado que cuelga sobre la acera en desnivel.

La parroquia escribe en las paredes mensajes que no todos entienden. Llora al Papa muerto y reclama por la migración y la muerte en Nueva Orleáns. En la esquina del templo tenía una virgen de piedra cubierta con vidrio, que hoy también se enmarca con una reja porque alguien la quiso robar. El mercado de los lunes lo descuartiza todo y riega sangre color rosa-sobre-ruedas. Y la estética del grafiti tiene un rey llamado ELK que nadie conoce pero todos temen, porque ha logrado pintar sobre las rejas de uno de los grandes corporativos sin cara. Todos lo respetan porque saben que, de alguna manera, ELK es una voz muerta cuyos restos han apestado todo el continente.

La calle principal huele. Hiede. El calor es otro de los soldados del cuartel que está frente al Electra. Los niños viajan solos y me observan como sin querer creer que estoy calvo. Y el panteón ha retocado sus paredes exteriores otra vez, y de pronto el motivo de la Catrina, y la leyenda escrita en náhuatl, y los pictogramas, se van convirtiendo en grandes edificios que flanquean la favela, grandes murallas hacinadas de algo parecido a la vergüenza, grandes motivos perdidos en el umbral de las promesas y las copias al carbón que hicimos de algún cabrón que llegó del extranjero.


Y todavía hay quien no me cree que viajo en transporte público porque así me siento más corpóreo y más terrible, y más sereno. Y todavía hay quien no encuentra gracia en el chiste que contó una niña ayer, poco antes de que arrancara el Pesero™:

- Mamá, ¿sabes qué hace un pingüino en medio del desierto?
- ¿Qué, mijita?
- Pues vende Bon Ice…

15 Responses to “El camión de mi compadre Filemón que va al Panteónâ„¢”

  1. Adrián Says:

    arriba los rutas! :)

  2. El Terrible Funk Says:

    Mi estimado Ruy, no se tu, pero yo ya estoy hasta la madre del olor del metro Tacubaya a las 6:20 de la mañana. Eso si no tiene nada de bonito por muy poetico que lo quieras poner.
    Por cierto, si te gustan los riesgos te recomiendo que uses los taxis colectivos que están saliendo del metro a mano izquierda, esos cuates se quieren matar. Es de ellos de quien deberían filmar verdaderamente “la vida en el abismo” (como le pusieron a la fabulosa película de Danny Boile), te cobran 17 pesos y estás en menos de medio hora en la Ibero… “Primero muertos que perder pasaje” ha de ser su lema.

  3. Anonymous Says:

    uyyy yo estoy de acuerdo con este post. Esperame y levanto la mano y aplaudo. Yo tmabien ADORO el transporte público por que es el unico lugar en donde de verdad me siento democrata…la prueba de ello: jamas en mi vida he tneido carro.

  4. Yosola Says:

    oyeme, necesitaria una ayuda tuya para una tarea de la Ibero, una investigación sobre bloggers que estoy haciendo. Me ayudas?? Por fa…mi correo es yosola@gmail.com

    O si no, deja en mi blog el tuyo y yo me comunico. Mil y mil gracias

  5. Salvador Says:

    de tus mejores posts. está para publicarse en libro, neto.

  6. Anonymous Says:

    bravo¡¡… algo parecido en mi vida.. trabajador de una multinacional, diseñador, haciendola de creativo, director de arte, mercadologo, codeado con todo tipo de rockstars televisos, deportistas… en fin el mundo de la farándula.. y ando en transporte público.. sirve porque todas las nenas te quieren dar aventon.. ja ja

  7. Anonymous Says:

    Uses o no el camión, el chiste es bastante malo…

  8. El Conde de Almaviva Says:

    Han existido ocasiones en que, por una razón o por otra, he tenido la oportunidad de utilizar el transporte público (aka Metrobús) y he preferido caminar y observar reacciones en la calle… me acabas de dar tema para un post.

    Saludos,

  9. petit-mortem Says:

    Excelente post!
    Esta delicia de estampa chilanga me ha puesto de buenas hasta casi hacer que en mi surga el deseo o gusto de subirme al pesero el lunes para dirigirme como usted lo hace a mi querida Universidad… casi.

    PS. Extrañamos sus comments por allá

  10. lupilstinskin Says:

    JAJAJAJAJA, io realmente amo, el traqueteo, el esperar bajo el sol, la lluvia y las estrella,en medio de quien sabe que infinidad de almas, historias e intenciones, para finalmente subirme y ser víctima de las ccierunstancias del choffer, y de mis compañeros de viaje, que puede en algún momento pierdan la sensaci´´on de ser humanos.
    realmente el perfume del trabajo, la cruda, la vida es penetrante.
    mmmmh io no amo el transporte colectivo, todo tiene sus pros y contras, realmente como usuaria constante deseearía ser capás de manterner esa intensa capacidad poética que describes, el optimismo y entuciasmo de ver las cosas con ojos de nuevo. Pero creo que el cansacio, el dolor de espalda, la rutina, el miedo, el estar perdida, y miles de otros etcéteras, son grandes obstáculos para lograrlo.
    Bueno cada quien cada cosa cada cuál.
    jejeje y como ia no se ni que escribo, pues mejor dejo de hacerlo.
    io

  11. Ruy Feben Says:

    Varias cosas:

    1. Estoy de acuerdo: un viaje en transporte público no se disfruta cuando uno lleva prisa. Pero no está por demás hacer el esfuerzo y/o jugar al perfumista hardcore…

    2. El chiste es ma-lí-si-mo; pero cuando lo cuenta una niña de cinco años, tiene cierto matiz de ternura y un exacerbado nivel de folclore que quería compartir con mis allegados.

    3. Me parece triste que viajar en transporte público sea una experiencia del tipo Africam Safari. Por lo poco que he visto en otras ciudades, la relación que uno mantiene con su terruño es bien distinta cuando el transporta primordial es el público. Y cfreo que la diferencia está en que esas dos horas que se invierten en manejar, podrían invertirse en crear lazos con la gente que también viaja, con el transporte mismo, vaya, con la ciudad misma. Y creo de verdad que quizá si el transporte público fuera lo suficientemente bueno como para que todos los clasemedieros lo usáramos de diario, revaloraríamos nuetra Chilangia hermosa que sólo espera a ser descubierta entre tanto desmadre.

    4. Quiero decir que viajar en TP no me hace sentirme “demócrata” ni “parte de la banda”; sencillamente, me permite relacionarme con comunidades a las cuales sé que nunca voy a pertenecer, y me da la oportunidad de tratar de traducirlas a mi lenguaje.

    5. A mí nunca me ha dado aventón una nenorra, ni en mis mejores tiempos.

    6. Y, ¿qué más?… ah, sí… ¿he dicho como ODIO los comentarios anónimos?

    Gracias por leer. Ya saben que éste es su blog. Besos y abrazos, según.

  12. Armando Says:

    Yo me tardé en comentar porque me prometí, cuando leí el post, hacerle un postito de homenaje por las lagrimitas que me hizo derramar. Pero la verdad ando muy tapado de tiempo e ideas y no quiero que esta sensación se quede en el olvido total. En mis tiempos (1990) la ibero era sólo accesible desde el metro observatorio pero yo tenía la fortuna de poder abordar la línea 1 desde Moctezuma o San Lázaro, así de lejos vivía. Me emocionaba mucho dar el salto cuántico dimensional. Me sigue emocionando, mis suegros viven arribita de la ibero y ese viaje lo sigo haciendo con regularidad. La mirada suya, con este post, me fue tan propia como la de Sofía Coppola retratando a la muy retratable Scarlett Johanson mirando por la ventana la calle, cuando uno anda de turista. Visitar lugares lejanos, juntos, contrastantes, como son para nosotros, clase media, la ciudad encantada de Santa Fe y el barrio maldito de Santa Fe, es una experiencia de turismo diario. Gracias por compartir esa visión.

  13. WallacE Says:

    El transporte público… No me gustá tanto como los aeropuertos, pero igual disfruto entrar con una gran jeta y sentarme en una pose contorsionista que denota comodidad, fexibilidad y valemadrismo. El transporte público y los aeropuertos son los mejores lugares para ensayar el milenario arte de dar actitud.

  14. l'aldo Says:

    Yo hice durante años el mismito recorrido, el mismo pecero solo con diferente origen (coapa), y sólo puedo decir que llegados al punto entre la frontera de snta fe y snta fe recargado, nunca supe cual me daba más tristeza.

    El transporte público, es a veces molesto, a veces tardado, frecuentemente apretado, a veces lento, a veces peligroso, pero tiene un encanto particular.

    El chiste es muy bueno, y es uno de esos momentos peculiares que te regala el transporte público en tu soledad colectiva.

  15. Mimo Says:

    mi estimado ruy:
    traigo una incógnita de por qué chingados apareció la dirección del blog en mi celular (dudé si se trataba de un virus, pero la terca ansiedad me ganó y oh, sorpresa!!!: me encuentro con un post bastante sugerent, sobre una zona que desde hace poco he intentado ir haciendo propia. me pregunto si nos conocemos o si alguna ves nos hemos encontrado en el pesero (aunque como vecino del número 1329 de la calle vasco de quiroga, bajo -sin álbur- en vez de subir como tú diariamente.

    soy ex-iteso no niño ibero; pero tu relato urbano me hizo recorrer con imágenes propias el mismo derrotero. me latió!. probablemente te haga falta (sugerencia) sentarte del lado opuesto del pesero, para descubrir el surrealismo y el encanto de unos senos, tallados en la madera del tronco viejo de un árbol, que de cuando en cuando cambian el color de sus pezones de verdes a naranjas o rosados; o el diminuto atrio de un prócer insurgente que, de no ser por la consigna grabada en una placa de metal, ni el más hábil detective de la serie CSI (ci-as-ay en español) podría reconocer detrás de tan desfigurada apariencia…

    en fin, no me sigo porque quizá es en este mismo punto donde acaba mi trayecto. me inquieta -te repito-, recordar si nos conocemos. escríbeme si te late para hacer algo de memoria: mimo@iteso.mx

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