Cómo hacer comedia de los peores momentos
“Ayer fui a la farmacia a comprar una pÃldora del siguiente dÃa. Ya saben, para sofocar esos embistes de la duda calenturienta. Lo peor fue pedÃrsela al encargado: un ancianito de unos sesenta y cinco años. En un principio, lo llamé a que se acercara para susurrarle lo que buscaba: ‘una pÃldora del dÃa siguiente, por favor’. No escuchó. Su sordera pudo tanto, que llegó el punto en el que tuve que gritar, informando asà a toda la gente que esperaba detrás de mà en la fila. Por fin comprendió. Pagué lo que era justo (99 varos), y el ancianito, risueño, me dio la cajita. Ya me iba, cuando me detuvo para extenderme otra cajita. ‘CortesÃa de la casa’, dijo. Era una caja de condones; el detalle del senil vendedor era ya jocoso. Pero se puso mejor cuando leà la cajita: no sólo eran condones, sino condones SABOR TROPICAL. Preferà no voltear de nuevo: fuera a ser que el viejito estuviera riendo discretamente mientras me guiñaba el ojoâ€?.
Esta anécdota conserva la más pura esencia de la frase que mi profesor de novela histórica pronunció hoy con igualable certeza:
“¿Ya leyeron ‘La Peste’ de Camus? ¿No? Léanla: la literatura existencialista es súper padre�
… y Mersault vuelve a no llorar por su madre. *sigh*

Octubre 26th, 2005 at 9:47 am
Nunca he ido a una farmacia donde me den regalos cortesÃa de la casa.
Supongo que cuando llego por mis antidepresivos… el regalo serÃa… ¿una caja de pañuelos desechables?
O peor aún, si compro Pepto Bismol, me van a dar… ¿un rollo de papel higiénico?
Octubre 27th, 2005 at 9:32 pm
jajajajajajajaja..!!!!