Estrógenos Asesinos 1: La Mesera del Deseo
Siempre (aún no entiendo por qué) tuve ganas de hacer algo asÃ: sólo decir las cosas y escapar. Supongo que en el fondo es un fetiche de escritor: hacer palabras que no se lean; lo cual, en todo caso, es el equivalente de la comida de plástico que ponen en los restaurantes de comida corrida, o del Resistol que usan en vez de leche en los comerciales de cereal. Como sea: sencillamente, seguir el principio de hacer algo que sea tan perfecto, tan visible, que deba por fuerza ser intocable también; asÃ, inasible; asÃ, difÃcil de digerir, como el Resistol de los anuncios de cereal.
Hasta donde recuerdo, asà comenzó el asunto de la Mesera®, con una pequeña apuesta, y un romanticismo exacerbado: unas ganas locas de pasar estúpidamente a la posteridad. Por aquella época, lo estaba pasando mal: todavÃa estaba por venir el viaje a Europa, y otras historias todavÃa estaban muy frescas, mal digeridas. Fue, pues, más o menos asÃ:
El señor Porter, Ro, Jandro y yo, conversábamos sobre lo malo que era eso de jugar ajedrez en un café. Para nosotros era una aberración borgiana: un laberinto perfecto dentro de laberintos cafetaleros mal tramados por las conversaciones ajenas. ParecÃa hasta un pleonasmo de mal gusto. En eso estábamos, cuando la Mesera® nos dejó las cartas. Para hacer un breve bosquejo, bastará con decir que la Mesera® era rubia y destilaba hippismo. Nada más. Pero, como dije antes, lo estaba pasando mal, lo cual es tanto como decir que estaba yo en tiempos de guerra, y ya se sabe que en esos tiempos, cualquier hoyo es trinchera. Por lo demás, la Mesera® no tenÃa nada particularmente llamativo; todavÃa no se habÃa hecho el tatuaje que portarÃa elegantemente en la espalda baja unos meses después, ni se habÃa hecho ese repulsivo peircing que no le irÃa bien. Asà que, comprendemos, la Mesera® no tenÃa nada en particular. Ni siquiera era morena, que en otros momentos hubiese sido el factor decisivo. Pero no: uno estaba en guerra, y ella era Mesera®. Y con esas razones bastaba.
Asà que comencé a observar a la mesera: cuando no estaba llevando americanos y capuchinos y cervezas, se refugiaba detrás de la barra y ponÃa cara de huevo revuelto. Todo el tiempo parecÃa odiar una de varias cosas, o todas ellas: su trabajo, la barra de pasteles, su compañera, la clientela, su cruda, o el Resistol de los comerciales de cereal. No importa. Mis contertulios vieron tanto interés en mis fisgonas miradas, que me impusieron un reto: llevar al final de la jornada el número telefónico de la Mesera®. Quiero insistir: eran tiempos de guerra. Bien.
Cabe hacer aquà un respiro: si el señor Feben es malo para algo, es malo para abordar a las mujeres asÃ-nomás-de-compadres. Malo, asÃ. Es más, qué digo malo, MalÃsimoâ„¢. La lengua se traba, las piernas tiemblan, y otros clichés aún peores me atacan. Sencillamente, no puedo abordar desconocidas. Asà que el reto sà que era un reto, porque no sólo se trataba de superar el rictus de mole poblano de la Mesera®, sino de brincar por encima de mi propia imagen residual. DifÃcil, difÃcil.
Después de muchos americanos de no poder mascullar palabra cuando la mesera los traÃa, después de muchas carrillas y cábulas de mis contertulios, después de un par de horas de clichés hollywoodescos, ya nos Ãbamos del café. El clÃmax, el orgasmo del nerviosismo. Mis amigos esperaron afuera. Yo entré de nuevo: la mesera, detrás de la barra, haciéndole malas muecas a las comandas. Me acerco a la barra. La Mesera® me observa con poco detenimiento y aún menos corrección polÃtica: queda claro que no quiere por ningún medio que yo me acerque, ni para pedir la hora, ni para reclamar por la cuenta, ni para preguntar dónde está el baño. Supongo que, de haber sabido que llevaba toda la tarde observándola, la Mesera® hubiese acaso imaginado que tampoco querÃa de mi parte una declaración. Nada.
- Hola.
- …
- Sólo querÃa decirte algo…
- …
- Creo que eres la mujer más linda que he visto en mi vida.
- Chido.
Dà la media vuelta y me fui. Mis contertulios se indignaron: ¿cómo asÃ, sin un número telefónico, sin negras intenciones, sin nada?
Pero yo sà me llevé algo: “Chido�. Y mi Resistol para el cereal.
Por cierto: este texto no es “La Mesera del Deseoâ€? por las circunstancias, sino, sencillamente, porque el café donde ella alegremente laboraba tenÃa el nombre de “Deseoâ€?.

Diciembre 6th, 2005 at 10:06 pm
‘¿Quien era Feben?!
Que yo recuerde no ha habido ninguna que valiera la pena como para aventarle tan galante y holywoodense frase….
Solo por eso… NO regresaremos ahi. Ni pa los piropos son buenos me cae….
Diciembre 7th, 2005 at 12:03 am
Que gusto verlo de nuevo por aquÃ. Ojalá y no olvide el proyecto que iniciamos juntos.
Diciembre 7th, 2005 at 12:24 am
Dr.
Estuve a punto de escribirle que que puto… pero no… todo quedó muy claro con el nombre del Café.
Salu2.
Diciembre 7th, 2005 at 4:00 pm
creo que el reto real no era obtener el teléfono, sino decir la frase: “Creo que eres la mujer más linda que he visto en mi vida”, sin caer en el camino y tirar algo de la barra.
Creo que nosotros mismos somos los que sabemos a partir de que parte empieza el reto.
Diciembre 7th, 2005 at 5:47 pm
Se nos apegamos al constructivismo, los recuerdos son interpretados de acuerdo al contexto actual. Hasta donde me da la memoria, 1) la mesera en ningún momento lo vio como si ud. fuera una flema y 2)estaba muy linda, desde luego que “la conocerÃa”. Pero lo que mejor recuerdo es que ese dÃa usted demostró a la comunidad de tornillos que tenÃa unos gumaros gigantes. Repito: la mesera estaba muy bien.
Diciembre 8th, 2005 at 2:13 pm
Lo que hubiera sido divertidÃsimo, monsieur, habrÃa sido verlo a USTED, sirviendo los cafés a LA niña que tan bien estaba.
Jajaja… ya lo he visto con los capuccinos en la mano y me he reÃdo a mares.
Diciembre 10th, 2005 at 4:48 pm
ajajajajajajajajajajajajajajaja y digo …. jajajajajajajajajajajajaja
biiiiiiien muchaco io no sé pero esa frase… jajajajajajajajajajaaja
VIVA EL RESISTOL!!!!
Diciembre 10th, 2005 at 4:48 pm
ajajajajajajajajajajajajajajaja y digo …. jajajajajajajajajajajajaja
biiiiiiien muchaco io no sé pero esa frase… jajajajajajajajajajaaja
VIVA EL RESISTOL!!!!