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Lo que sea su voluntá

Febrero 27th, 2006
El sueño de la vida de muchos (MUCHOS) es, ya sea gracias a la excesiva exposición de nuestra generación a los medios masivos de comunicación, ya sea por un ideal romanticón de vivir-al-límite, ya sea por verdadero amor a la música o por tenerle miedo a los pelirrojos, ser Rockstar™. Ya lo he dicho mil veces: yo mismo, cuando era chiquito y usaba el cabello a lo Príncipe Valiente®, tenía como única finalidad en la vida ser un Rockero® de esos de chamarra de cuero, cabello abigarrado y voz aguardientosa. Sí: yo, como muchos, quería ser uno de los Ramones.

Claro: el primer problema es que no era yo de apellido Ramones, y, ya lo diría el tiempo, mis genes no daban para eso de la melena alborotada. No desistí, e igual seguí con eso de la artisteada amateur, tocando en cafeses y en una que otra calle y evento social, y, de vez en cuando, hasta usando chamarra de cuero. A estas alturas, cuando era yo un adolescente rebeldón y medio punk, mi meta ya no eran los reflectores y el glamour y las chicas. Mi meta, de pronto, era la de convertirme en un músico de calle, de esos que se suben al camión, de los que piden lo-que-sea-su-voluntá, los que van rolando de a grapa por las calles de la ciudad de los palacios. Yo quería ser un Tacubo de Petatlán®.

Por las dudas, no, nunca lo logré. Con el tiempo, por el contrario, me alejé de la artisteada pública, y me confiné a la paz de mi ordenador y mi guitarra, a solas nosotros tres en mi alcoba. Los músicos de reflector me dieron cada vez más lo mismo. Por el contrario, los de calle, los de pie curtido, pues, cada vez me provocaron más curiosidad y algarabía, o pena ajena y repudio.

Todo esto lo cuento porque en el último mes me he encontrado, sin exagerar, con cerca de 35 músicos ambulantes, en distintos lugares, a distintas horas, y con diversas intenciones. Hasta parece que alguien me puso en la espalda un letrero que dice “Toca tu ‘lira’ cerca de mí, y la suerte te acompañará durante los siguientes tres trayectos�. El avispado lector ya se habrá dado cuenta de las intenciones del que escribe: tantos músicos callejeros me han abordado en tan poco tiempo, que no me ha quedado más remedio que hacer una tipografía de músicos ruleteros, que, por supuesto, pongo a sus órdenes a continuación.

TIPOGRAF�A DEL MÚSICO CALLEJERO
(de Alex Lora a La Sonora)

1. Los Clásicos. Entre los músicos callejeros de Chilangia, son éstos los que más abundan. Arman un repertorio vasto y abierto en cuanto a gustos musicales se refiere, con la finalidad de atacar todos los gustos posibles, y, así, hacer de toda la Pesera® su target. Canciones como “Quién te cantará� de Mocedades, “La Vikina�, “Cielito Lindo�, “Por-qué-se-fue-por-qué-murió�, y otros grandes éxitos (que de otra forma sólo podrían encontrarse n el Fonógrafo™), hacen el deleite de chicos y grandes.
Income: unos veinte varos por tocada.
Promedio de canciones por subida a pesero: 4

2. Los gritones. Son aquellos que se tomaron muy en serio eso de que “para cantar importa más el sentimiento que el talento�. Siguiendo fielmente los designios de su santo patrono, San Alejandro Lora, dan alaridos por cuando vagón y micro se les para enfrente. Chiflan en las rolas que llevarían requinto, y tocan con uñas largas. Llevan el look abigarrado de los glammers ochenteros y sienten que, de alguna forma, algún día serán muy famosos. Tocan canciones como “Las piedras rodantes� de El Tri, y otras de bandas como La Cuca, Fobia, Café Tacaba y, los más aventureros, hasta de Metallica y Guns.
Income: unos diez varos por subida.
Promedio de canciones por tocada: de 3 a 15

3. Los cagados. Interpretan cualquier canción, precisamente porque su talento no recae en sus rolas, sino en los chistes/comentarios que echan después de cada melodía. Generalmente son los más talentosos, divertidos, llevaderos y aplaudidos. Canciones como “ADO�, “La planta�, y otras que se prestan al albur y la carrilla son sus predilectas.
Income: unos 50 pesos por subida
Promedio de rolas por tocada: 8

4. Los juglares. Son una variante de la familia de los cagados. No sólo interpretan canciones (que generalmente son “rolas muy profundas� o “de alto contenido social� o sencillamente “trova�), sino que, antes de cualquier interpretación, cuentan episodios de su vida o hacen algún tipo de protesta sobre el acontecer mundial. Rolas de Silvio Rodríguez, Fernando Delgadillo y Arjona son sus predilectas. La gente suele tomar posturas contrastantes: o los aman y les entregan sus billeteras, o los bajan a sibidos.
Income: 20 pesos por subida.
Promedio de rolas por tocada: 3

5. Los compositores. Éstos no interpretan canciones gustadas por la banda. De hecho, normalmente les importa un carajo lo que la banda piense: ellos rolan por la ciudad esperando subirse al mismo pesero en el que va Kike Santander, esperando que éste se decida por hacerles un disco homenaje/tributo. Frases como “entonces dijo ‘valedor, me siento solo/ven, hazme un paro, necesito platicar’� suelen aparecer repetitivamente por sus melodías, generalmente impregnadas de influencias como Caifanes, los Héroes del Silencio, o Mago de Oz. La banda suele reír a borbotones cuando uno de estos sube, normalmente porque se toman a sí mismos muy en serio.
Income: 3 varos.
Promedio de rolas por tocada: 10

6. Los años maravillosos. Generalmente son músicos de experiencia que no pegaron, o que pegaron y decayeron. Traen consigo el sentimiento de una época perdida y grandes instrumentos: marimba, violín, teclados, tambores, etc.
Income: 30varos.
Promedio de rolas por tocada: 6.

7. Los desinteresados. De este raro grupo sólo he encontrado una banda de flamenco en Coyoacán. Tocan muy bien y lo hacen con gran pasión. Después de horas de deleite musical para los comensales (que, por otra parte, ya están dispuestos a invitarlos a cenar y hasta a regalarles un auto), cargan sus instrumentos y se van, así, como ascetas del arte callejero.
Income: 0 pesos.
Promedio de rolas por tocada: 15 (con petición de ‘otra-otra’).

cover

Febrero 20th, 2006
El sábado por la noche hubo en Cuernavaca una presentación de Cultura en Red, en el Centro Cultural El Manojo. Un evento que, en lo inicial, pintaba bien, y, en lo real, cumplió expectativas: más de 80 asistentes que apoyan el proyecto. Uno de los atractivos, a la par de la presentación del sitio (y más allá: de la presentación de una nueva forma de hacer y difundir la cultura), era que varios micrositeros iban a hacer una presentación musical/literaria. Quizá fue por motivo de una cercanía espacial y emocional que el Maestro Mane pensó en un servidor para dar un conciertillo en el evento. Conciertillo que originalmente se trataba de hacer una presentación de mis rolas. Todo estaba muy bien y mi instinto de Rock Star® estaba contento, hasta que nos dimos de bruces con una certeza: sólo tengo una rola, y, por más que ésta se estirara, no iba a llenar más de cinco minutos de presentación. Pamplinas.

Así que hubo que tomar una medida no desesperada, pero sí un tanto radical: me presentaría en un quiebre con el Maestro Arturo. Así mataríamos dos pájaros de un tiro: llenamos tiempo, y hacemos que su lectura de cuentos sea más amena (y no porque su literatura sea mala; sencillamente porque cualquier lectura sobre un escenario siempre es un tanto aburrida). La idea original era que yo escribiera un par de canciones basadas en un par de sus textos. Eso nunca pasó: al final, la presentación acabó repleta de covers, debidos, en buena medida, a mi casi total carencia de tiempo libre. La experiencia, aunque buena, tuvo su lado desalentador: de las seis canciones que toqué, la más exitosa (y me atrevería a decir que fue la canción más aplaudida de toda la noche) fue un cover de “Hit me baby one more time� de Britney Spears. Supongo que, al final, la gente metida en la cultura hasta el hueso también tiene un negro sentido del humor. Mi canción digitalizada y la otra, la que habla de la experiencia más fuerte de mi vida, fueron, en lo mejor, bonitos recuerdos para una audiencia un tanto distraída.

Todo el sábado, previo al evento, los Cuates de la Chamba® anduvieron juntos. Supongo que hubo buenos chistes. El domingo desayunaron también juntos, y volvieron para acá al medio día. Las dos nuevas compañeras de trabajo (una de las cuales, Gaby, trabaja conmigo en Nuestro Mundo) se integraron al grupo, que ya no es tanto de trabajo como de amigos. Mientras, yo ensayaba o dormía, cosas, ambas, muy necesarias en su momento.

Hoy por la mañana, cuando traté de bañarme, no había agua, así que ahora escribo esto con la pesada paranoia de que huelo a Madres™. Acabo de leer el post de Orsai, donde reflexiona sobre todo el borlote que se ha armado sobre las caricaturas de Mahoma. Yo no voy a decir nada al respecto; lo que me parece interesante, es que llega a una resolución que me pareció harto atinada para mí hoy:

No es la primera vez que un humorista, cuando tercia, prefiere decir la verdad en lugar de caer en el facilismo de la rebeldía intelectual, ésa de la que tienden a hablar, y mucho, los que prefieren ser héroes siempre, o cobardes toda la vida.

El fin de semana es un buen ejemplo de lo que mi vida es últimamente: un montón de cosas pendientes y buenas intenciones que, al final, terminan por ser otro montón de buenas intenciones, pero matizadas por el halo de la angustia, una cierta culpa, y mentadas de madre al por mayor en el buzón de las amistades. Y es que de pronto mi vida es un bote repleto de to-do’s™, IOU’s™ y otro respetable mogollón de contracciones en inglés.

Es hasta frustrante. Quiero que Más Expos y Megaexpo triunfen en las grandes canchas del turismo de negocios. Pero también quiero que Nuestro Mundo logre crecer, que Cultura en Red sea un sueño realizado, que Trespuntocero haga una diferencia, que mi titulación sea una cosa terminada, que mis niños de MISIONes hagan un buen trabajo. Quiero cumplirle a todos mis amigos y no quedarles mal, que Ojos Cuenta Cuentos no me deje de querer por work-a-holic, y hasta quiero empezar una novela. Quiero seguir escribiendo este blog, leer a mis blogamiguis, y pelearme con Maestro Arturo por aquello de los fenicios. Pero, a veces, francamente, siento que 24 horas no son suficientes. No para ser el Hombre Renacentista™ que quiero ser.

De alguna forma, creo que éste es un síntoma que afecta a buena parte de mi generación. Raúl dice que es el Síndrome Hollywood®: nos hemos acostumbrado a que las historias están hechas de highlights; estamos acostumbrados a las batallas épicas, a las declaraciones de amor bajo la lluvia, a las confrontaciones finales; pero no hay película que nos diga cómo es que Darth Vader cagaba; nadie nos ha dicho cuándo y qué comía Aragorn; no existe en ninguna de las películas de Harry Potter una escena donde se haga la solitaria y escondida puñeta. Hemos aprendido de highlights, y a veces parece que sólo somos capaces de vivir cuando sabemos (cuando creemos) que estamos en medio de uno. Más que justificación, es una declaración, digámoslo así, una confesión: hago demasiadas cosas por la infantil creencia de que alguna de ellas me llevará a un highlight.

Quiero ofrecer disculpas a todos los amigos que he dejado plantados, a todos los que he prometido una llamada inexistente, a todos los que, esperando mucho de mí, han esperado sentados. Perdón por no haber logrado hasta ahora ser otra cosa que un cover de una rola de Soda Stereo por falta de tiempo y exceso de buenas intenciones. Llámenme cursi; la idea original de este blog era ser un bocinazo de vida guapa, una voz con sentido. Por primera vez en muchos posts, siento que algo de lo que escribo conserva esa esencia.

exijo una satisfacción

Febrero 9th, 2006
El Maestro Arturo, en lo general, ha sido un buen amigo y un inigualable contertulio. Hemos compartido buenos momentos literarios, buenas conversaciones sobre política exteror mexicana y sobre la necesidad de que ésta fomente la atracción de extranjeras a nuestras tierras; hemos compartido algunos whiskys, un cierto resentimiento a la Ibero, y la noción de que la nariz de Joserra es, quizá, demasiado grande. Él me ha leído y yo lo he leído. Hemos, pues, sido amigos.
Pero hoy ha cometido una afrenta que no estoy dispuesto a tolerar. El Maestro Arturo, ni más ni menos, ha negado mi existencia. Yo no he tardado en responder.
El sustento de su argumento es sólido; pero igual ha iniciado con ello un debate que se antoja dicharachero. Y lo mejor es que todos ustedes, asiduos fanáticos del Claxon, están invitados a echar porras y presenciar la controversia, aquí.
Si ya lo he dicho antes: no hay que confiar en los escritores. Todos acaban siendo una de dos cosas: o Moravia, o fenicios de Fantomas.

¿qué hago yo por mi país?

Febrero 7th, 2006
De parte del Master Blogger, me ha llegado este batón, que consta tan sólo de una pregunta (sin que por ello sea un batón fácil de contestar): ¿qué hago yo por mi país? Después de muchos días de pensarlo, creo que ya tengo una respuesta, que enlisto a continuación.

1. Estudio. Y lo hago con la convicción de que lo que aprendo y futureo, servirá para cambiar algo. Es aquí donde también convivo con gente, e intercambio ideas y planes.

2. Trabajo. Aunque mi trabajo quizá no es (por el momento) la labor que más puede necesitar mi país, lo hago porque creo que puede marcar algún tipo de camino a futuro.

3. Viajo. Y sí: lo hago como forma de diversión, pero también de trabajo; y más que creer que por viajar estoy levantando la economía mexicana (de hecho, creo que en buena parte, la economía del país levantada por el turismo es un mito), lo hago porque eso me permite conocer la realidad de mi país, me da la posibilidad de entenderlo, y me hace quererlo más. Esta misma lógica es la que me hace usar el transporte colectivo: la de conocer mi ciudad y ver algunas de las realidades que se dan dentro de ella.

4. Hago trabajo social. No es mucho, pero es constante. Quizá no paso todo mi tiempo ni dedico todo mi trabajo a El Botho (comunidad ñhañhu en la que realizo este trabajo); pero en cada cosa que hago, está presente como un parámetro.

5. Propongo. Y a veces invierto demasiado tiempo en este rubro. Me he metido en tantos proyectos independientes, que a veces no sé cómo campechanear mi tiempo. Pero también creo que algo se está haciendo, y que poco a poco vamos haciendo una red.

6. Creo. Y me atrevo a futurear. Creo que este país puede, y eso lo defiendo todo el tiempo, aunque sea a través de críticas.

7. Pienso afuera de la caja. Y trato de imaginar esto que llamamos México como una cosa que todavía no acaba de formarse, como algo con una potencialidad increíble, como un hervidero de futuros fabulosos.

Finalmente, eso: me atrevo a creer y a decir y a defender que México es, si lo sabemos ver así, el mejor lugar de todos los posibles (y también de los imposibles).

Se supone que ahora debo pasar este batón, y lo paso: que los bloggers que quieran lo respondan (tengan la amabilidad de después dejar un link a su blog en la sección de comments de este que leen). Y, más allá, lo paso a los lectores que no tienen blog; piénsenlo, mándenlo por mail, díganlo en la escuela o en el trabajo o en la casa. Pero díganlo, y hagan algo. Es todo lo que tenemos.

reggaetón: nuevos descubrimientos

Febrero 7th, 2006
El reggaetón es un ritmo torcido.

En lo musical, lo que distingue al reggaetón de cualquier otro género, es que tiene cuatro beats en cada compás. Son beats asimétricos, que el reggaetón heredó de la combinación de los ritmos carbeños con los ritmos de hip-hop que escuchaban los migrantes caribeños y centroamericanos en las ciudades norteamericanas. El ritmo reggaetonero (perfectamente distinguible entre todos los demás por ese contratiempo forzado al final de cada dos compases) es la yuxtaposición de dos ritmos que, en un origen, no tienen compatibilidad rítmica. Si los hombres de la edad media hubieran escuchado reggaetón, si los nativos africanos hubieran intentado bailarlo, si indígenas americanos hubiesen intentado reproducirlo, seguramente, en sendas interpretaciones, lo hubieran catalogado como un ritmo maldito dada su naturaleza anti-mántrica (recordemos que el mantra debe ser un fluir armónico que, dado ese contratiempo, no aparece en ninguna canción de reggaetón). El ritmo propio del reggaetón hubiese correspondido, en todo caso, a ceremonias de trance sensorial, en lo general utilizadas como celebraciones previas al sacrificio humano.

Además, el abusivo uso de un ritmo tan “típicamente latino� ha originado una paranoia cultural, en la que buena parte de Latinoamérica tiene miedo de otra vez ser catalogada por un compás en destiempo, de ser catalogados como rebabas de Daddy YankEE.

El reggaetón tiene torcido el sentido del humor.

Y ello se debe a que los so-called reggaetoneros se lo toman todo demasiado en serio. ¿Cuándo se ha visto que un hombre con una camisa cuatro tallas más grandes de lo que le corresponde, con pantalones bombachos, con un montón de colguijes que rayan en la fayuca, se tome en serio su propio discurso, y más si lo que está diciendo es: “mira mondo blin-blin, con lo mejor del reggaetón panameño�? Pero ellos se toman en serio, al punto de haber trazado una historia del reggaetón. Se toman en serio, al punto de salir en sus videos con cara de hombres de mundo, se toman en serio al punto de hablar de un género musical y al grado de hablar de una revolución de la música latina. No esperan a que un catedrático de cuello estirado y rancio aburrimiento decida estudiarlos: se estudian desde dentro, se construyen su propio monumento. Aún así, pretenden estar haciendo un statement en lo referente a la música-con-contenido-social-y-carga-cómica. La verdad es que no lo tienen. Y Nietzsche me hubiera apoyado.

El reaggetón está haciendo una cruzada de auto promoción y defensa ante los embistes del mundo.

Al parecer, nadie quiere al reggaetón. Las tendencias de unificación cultural en América Latina deberían pugnar por lo contrario. Sin embargo, los dos factores anteriores hacen que seamos muchos quienes proponemos una de dos cosas: o que el reggaetón se asuma como otra corriente musical perfectamente desechable (en cuanto a posibilidad), sin egos ni mesianismos, o que, ya de plano, salga del mainstream, para que todos volvamos a quererlo.