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karmaholic

Mayo 29th, 2006
- She thinks piracy funds terrorism…

- …

- But I think to myself ‘hey! She’s an arab, anyway!’

- …

- …well, I dunno’… ‘cause, y’know? she’s got an idea… and ideas are bullet-proof…

- Yeah. That’s EXACTLY the problem, dude…

After hearing to Pete, as he was doing dishes, Alex breaks into tears. She’s still wiping, cling clang.

- I thought she was gonna… she… I thought she was gonna do something, y’know? (lights a cigarette) Remember that time when she was about to beat that other little kid? I could only think about my little sister going to jail sometime in future. I never knew…

- Wait! Let me get this straight: you think your eleven-year-old sister is going all the way to ninth hell just because you found her hitting her friend with a burn CD right after you burn it? It’s not a sin to me; it’s called ‘hormones’, y’know?

- No! No… the problem… the problem is she just discovered psychological torture. And she just told me… oh, well, I can’t help remembering of that boy who started to…

- Please; don’t be such a karmaholic…

…cling clang (yin yang?)

Fragmento de la obra teatral “Bowl of oranges� de Nat McRohen. Esta escena, correspondiente a uno de los siete performances que conforman la obra, llamado, precisamente, “Karmaholic�, es la final de una pequeña historia que versa sobre una niña que decapita muñecas. Su hermana tribuye el hecho a que un amigo de su adolescencia fingía hacer tortura emocional a la bicicleta de la pequeña niña. Alex, la hermana de la niña, descubre que la pequeña se ha vuelto experta en grabar CD’s capaces de llevar a la muerte a sus víctimas (y a sus muñecas). Terror.

mi vida según reverie sound revue

Mayo 26th, 2006
(haiku)

break the universe in two
one
as i dive over the finish line

corresponsalías

Mayo 26th, 2006
Haciendo gala de las frases de la noche anteriormente referida, la Colega salió con una idea genial: ¿qué pasa si en un blog escriben varios personajes que residan en un país distinto del que nacieron?

La respuesta: Corresponsalías. Que es tal cual, eso: un blog donde gente de distintas nacionalidades (pero todos latinoamericanos) escribimos sobre las cosas que pasan en lugares distintos del que nacimos.

Mire usté: hay colombianos escribiendo desde el DF, desde LA o desde Escocia; venezolanas; mexicanos escribiendo desde Costa Rica. Un servidor modera, y ocasionalmente escribe sobre algo que, si bien no es otro país, sí es otro mundo: El Botho.

No se deje engañar: nadie habla sobre política exterior o sobre economía comparada: hablamos sobre experiencias tan cotidianas como el saludo, la forma de hacer el almuerzo (o el desayuno), o la forma de saber a dónde va el transporte que uno se dispone a tomar.

La invitación está abierta para todo aquél que sea un foreign citizen y quiera contar con esa óptica lo que le sucede a diario. ¿Cómo? Fácil: manden un mail a donde ya saben, o dejen un comment en este blog o en el propio blog de Corresponsalías. Por cierto: no tenemos gente de Uruguay, Bolivia, Chile, Argentina, Brasil, Perú, toda Centroamérica y el Caribe. Así que si algún amable e-lector es oriundo de esos lares y quiere participar, no sólo será bienvenido, sino aplaudido.

Ya lo saben. Corresponsalías: nos hacemos mejores en la diferencia.

la diferencia

Mayo 24th, 2006
El e-lector atento notará sin ningún problema que el siguiente texto se tuvo que haber dado tal y como fue. Créanme, no había escapatoria, por más que los tres asistentes al suceso lo evitamos en mayor o menor medida, y a pesar de que tratamos de desviar la conversación hacia derroteros más amables y cotidianos: que si la escuela, que si la música y los fresas de la Condesa. Pero no: sencillamente, y dada la disposición del ambiente, con todo y música chillout-rock, esa conversación estaba sentada desde antes de siquiera pensarla.

Oquei, ávido e-lector, le tomo de la mano para que entienda: no hay que ser Sherlock Holmes ni Scooby Doo (ni siquiera Dan Brown o Ford Maddox Ford) para darse cuenta de que si en una mesa de un bar de la Condesa hay una hondureña, una colombiana y un mexicano, escuchando música chillout-rock, lo más probable es que alguien termine hablando de América Latina. Sin escapatoria: porque bastará (como en este caso) que alguien hable de diferencias socio-culturales entre los jóvenes; o bastará (también como en este caso) con que alguien mencione algo sobre una novela que habla sobre la Revolución; será suficiente (otra vez, como en este mentado caso) que alguien lance, pues, la más ínfima de las piedras y chas. Lo cierto es que tampoco importa demasiado, porque si algo tenemos los latinoamericanos es eso de querer hablar de nuestra Región 4® tanto como podamos: finalmente, Borges, nuestro corregionario, nos enseñó eso de que “hay que pensar las cosas para después crearlas�, y nosotros, que somos tan tremendamente bailadores y dicharacheros, no nos bastamos con pensar nuestro terruño, sino que llegamos al aberrante extremo de hablar de él. En Berlín o en Moscú estaríamos muertos.

En fin; la cosa estaba dispuesta así: la mesa, ubicada prácticamente en el fondo del bar, daba en su lado sur con la ventana, amplísima; en su lado oeste hacia el resto del bar; hacia su lado norte, con una mesa más bien apachurrada, que amenazaba todo el tiempo con caer de bruces sobre nosotros; del lado este, con una aburridísima mesa de hombres de corbata. La música, ya lo he dicho como tres veces, e-lector desmemoriado y querido, era chillout-rock. Los personajes, como siguen:

La Hondureña: apasionada creyente de la revolución, estudiante de mercadeo e hija de escritor de cuentos.
La Colombiana: estudiante de periodismo, más bien desencantada de los sueñitos ideológicos de antaño. Crítica mordaz del entorno socio cultural de la región.
El Mexicano: cabeza hueca funcional, conciliador en la medida de lo posible. Escritor, florecita-rockera y creyente de las conversaciones de café y el baile charanguero.

Suponga el lector que la conversación comenzó con una declaración febril por parte del mexicano, quien, por otra parte, tiene una enorme cabeza hueca que no le permite ver más allá del fondo del vaso de cerveza. Lo que acontece después de la declaración del Mexicano es más o menos así:

- La Colombiana: … y entonces, marica, el colega quiere escribir no sé qué vaina sobre la revolución, ¿usté cree?

- La Hondureña: ¡Maje, me parece maravilloso! ¿Vos estás muy de acuerdo con la revolución?

- El Mexicano: Pues leve… hay muchas cosas que me cagan, pero bueh… más bien se trata de criticar la revolución, porque eso es lo que ha venido a chingarnos en América Latina.

El audaz e-lector, que seguramente ya habrá prevenido las implicaciones de inculpar a la Revolución™ de malestares como la United Fruit Company, la dictadura en todas sus vertientes, las abismales diferencias económicas, y demás vicisitudes padecidas por millones de latinoamericanos a lo largo de centurias, no pudo más que generar una debacle de proporciones, cuando menos, épicas. En realidad, lo que sigue es una conversación más o menos agitada, pero en buenos términos, que tocó las siguientes aristas:

a) Fidel no era tan cabrón como para volverse hijo de puta, pero tuvo suerte (y poder). De lo cual se desprende el primer axioma de la Colombiana: “el poder corrompe los corazones�.

b) Lo cual nos lleva al dilema caudillista de la vida: que si las figuras enormes, que si a la hora de las caídas de veinte (saberse con el poder de decidir por millones de personas), que si la corrupción y la víbora que se come la cola porque, ya hablando en serio, nunca vamos a poder salir de eso.

c) El statement Hondureño: estamos hartos.

d) ¿Hartos de qué?, pregunta el Mexicano, cabezota y con cigarrillo. Pues hartos de estar en ninguna parte.

e) Hay tres grandes temas en la América Latina de hoy: la seguridad pública, la seguridad social, y la seguridad económica. Los tres, por motivos que nadie acaba de entender, confluyen en la propiedad de la tierra. En realidad (disertación hondureño-mexicana) el problema es más psicológico que territorial: la cosa es que la Región 4® es un no-lugar, donde nadie, en absoluto, siente la mínima seguridad de nada.

f) ¿y por qué, si se tienen miles de millones de kilómetros cuadrados de territorio-bondadosísimo-con-harto-recurso-natural-y-mano-de-obra-y-las-culturas-y-la-diversidad-y-las-líneas-de-conga y la mamá del muerto (que acá se llama La Changada®), no tenemos un lugar (lugar, lugar, así, pues, lugar como para estar y eso)? La respuesta es obvia (más cuando hay chillout-rock): porque todavía no somos nada.

Sí, mire, precavido e-lector. Tomemos como estudio de caso las procedencias étnicas de los participantes de la debacle:

La Hondureña: no lo sabe a ciencia cierta, pero algo de negra ha de tener; lo cierto es que sí lo parece, a mucha honra. Sus padres son hondureños de cepa.

La Colombiana: hay que ir por pasos. Uno de sus abuelos es alemán. El otro es negro. Ella es lo que en México se denomina “güerita®�. Su familia, digámoslo así, trabaja para instituciones oficiales de su país.

El Mexicano: Su familia paterna es llegada de España durante la guerra civil, aunque por motivos distintos. Sencillamente, eran pobres. Su familia materna es de rancheros de Durango. No tiene antecedentes negros ni indígenas, que él sepa, aunque, haciendo recapitulación, sí debe tener algo.

La cosa es que los participantes de la tertulia provienen de orígenes muy distintos. La raza (y la realidad socio-económica-cultural), pues, no puede ser parámetro de comunidad.

Si tantos problemas con sabor a ceviche y arepa y choripan se provocan desde nuestro sur, ¿cómo es que pueden salir de ningún sitio? ¿Quiénes somos nosotros para armar tal alboroto con ritmo de reggaetón? ¿Quiénes somos los latinoamericanos?

g) Segundo axioma de la Colombiana: “Nos hacemos mejores personas en la diferencia�.

h) Lo cierto es que esa mesa, tal cual estaba dispuesta, era, quizá, la mejor de las respuestas. Conjugada con el segundo axioma de la Colombiana, no había lugar a duda.

i) El Mexicano, en su único arranque de lucidez, dice la frase por la cual podría pasar a la historia (si fuese a hacerlo): ser América latina es ser la diferencia y aprender a vivirla. Ser América Latina es ser un mundo donde hablen de tú europeos, chinos, gringos, nepaleses, bolivianos.

En algún momento, posterior a la conclusión, el Mexicano articulaba una frase errada: “si yo nací en México es por error o mera coincidencia�. Errada: debió haber dicho: “si yo tengo raíces étnicas españolas, es mera coincidencia�. Porque el Mexicano es Mexicano y de eso no cabe duda; de lo contrario, este texto sería inservible, y el avispado e-lector sí sería Sherlock Holmes.

No sorprenderá al estudiado e-lector que este pobre narrador haga alusión a Néstor García Canclini. En algún momento, el autor (argentino) decía que la globalización tendría un efecto cultural semejante al siguiente proceso: supongamos que hay cientos de cajas con arena de colores formando, en cada caja, la bandera de cada país del mundo. Supongamos que en cada caja hay hormigas. Supongamos que las cajas se conectan y se deja vagar libremente a las hormigas, cargar granos de arena, etc. Las banderas, poco a poco, irían perdiendo su forma.

América Latina está llena, pues, de hormigas. Y esa es toda la diferencia: nuestro territorio y nuestro espacio es la diferencia.

mi vida según soda stereo

Mayo 22nd, 2006
(poema ultraísta)

nena, nunca voy a ser un super hombre,
prefiero seguir tus pasos.
refugiados sobre el diván,
un poco de miel,
hombre a la deriva.

un nuevo acorde te hace mirarme a los ojos,
y cuando salga a la cubierta y me abandone a la corriente,
vos harás el rol de señora bien.
quiero que me trates suavemente,
quiero el fin del secreto,
encender mi conciencia con tus demonios
queriendo soñarla.

nada nos libra, nada más queda,
anclado en mil nueve noventa,
ella usó mi cabeza como un revólver.
soy un espía, un espectador,
un sueño de otro, un rumbo incierto.
más se pide y se vive:
la caída de otro ángel eléctrico.

tú sueles dejarme solo.
primavera,
CERDO.