aviso inoportuno
1. Eliminar de la lista de autores algunas bandas o músicos. Ello por dos razones muy sencillas: primero, porque ha resultado imposible leer las emociones del municipio en los términos que oponen esas bandas (recordemos que las canciones, en este contexto, no pueden más que reflejar emociones; las posibilidades narrativas que pudieran desprenderse son más o menos exhaustivas y requerirÃan de un trabajo que no estoy capacitado a hacer); segundo, porque los habitantes de Fanfurrias no las conocen y me vieron feo cuando les propuse usar esos lenguajes. Prevalecen, sin embargo, las que considero más necesarias e importantes.
2. Llenar los espacios vacÃos dejados por dichas bandas con pelÃculas. Cosa que, creo, puede ser mucho más divertido.
Ofrezco disculpas al por mayor (o, al menos, al dos por uno) y de una vez prevengo: si la novela lo sigue requiriendo, pueden ir ocurriendo otros cambios igualmente abruptos. No es mi culpa que algunos personajes deban morir.
Asà que, primero, queda por petición expresa del texto un capÃtulo seis que yo no querÃa que fuera el seis pero que tuvo que serlo, protagonizado por un lenguaje que, estoy seguro, será el más minuciosamente revisado. Segundo, queda la lista de autores corregida. AquÃ.
Y, en honor a mi noche terminada hasta las altas horas de la madrugada por cuenta de Rita Cantalagua y sus secuaces, lo único que puedo decir es: ingrata.
