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aviso inoportuno

Juro por San Tavo que mi intención era ir tomando dos-de-cada-tipo-de-autor para los primeros seis capítulos de “El Chanfle de Fanfurrias�, con el objeto de ir ejemplificando cada tipo de lenguaje. Los caprichos de la novela, arbitrio que ya había prevenido, me lo han impedido a punta de dolores de cabeza insoportables que atacaron desde la trinchera de las canciones de Café Tacuba. Por tanto, me fue irremediable tomar dos medidas, de tal suerte que (si la fortuna me sonríe y sólo si logro salir victorioso de este municipio dejado de las manos de dios en las de este paupérrimo escritor) pueda seguir escribiendo en un futuro más o menos cercano con relativo goce de cordura. Las medidas que he tomado, pues, son las siguientes:

1. Eliminar de la lista de autores algunas bandas o músicos. Ello por dos razones muy sencillas: primero, porque ha resultado imposible leer las emociones del municipio en los términos que oponen esas bandas (recordemos que las canciones, en este contexto, no pueden más que reflejar emociones; las posibilidades narrativas que pudieran desprenderse son más o menos exhaustivas y requerirían de un trabajo que no estoy capacitado a hacer); segundo, porque los habitantes de Fanfurrias no las conocen y me vieron feo cuando les propuse usar esos lenguajes. Prevalecen, sin embargo, las que considero más necesarias e importantes.

2. Llenar los espacios vacíos dejados por dichas bandas con películas. Cosa que, creo, puede ser mucho más divertido.

Ofrezco disculpas al por mayor (o, al menos, al dos por uno) y de una vez prevengo: si la novela lo sigue requiriendo, pueden ir ocurriendo otros cambios igualmente abruptos. No es mi culpa que algunos personajes deban morir.

Así que, primero, queda por petición expresa del texto un capítulo seis que yo no quería que fuera el seis pero que tuvo que serlo, protagonizado por un lenguaje que, estoy seguro, será el más minuciosamente revisado. Segundo, queda la lista de autores corregida. Aquí.

Y, en honor a mi noche terminada hasta las altas horas de la madrugada por cuenta de Rita Cantalagua y sus secuaces, lo único que puedo decir es: ingrata.

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