suicidal thoughts
Por mi parte, asumo que tengo tres opciones para morir: ya sea en una gran guerra, en el Apocalipsis, o en el clamor del suicidio. La primera opción cada vez me parece más cercana, pero más confusa: sencillamente, sé que terminarÃa optando por el exilio, porque soy un cobarde y porque he llegado a creer que un héroe muerto es poco menos que una ficción mal contada. La segunda opción me aterra. Por dos razones. Primera: lo que hasta ahora queda claro es que el fin del mundo no será para nada como lo hemos creÃdo a través del celuloide; seguramente, al final, todo se parecerá más a Somalia que a Chernobyl, de tal suerte que el fin será una carestÃa increÃble, una sed tremenda y una suciedad que, efectivamente, hará a las cucarachas dueñas del cosmos, pero no por resistencia, sino por gula, y nadie morirá con una gran explosión ni con grotescas malformaciones radioactivas. Ahora: de ser cierto que moriremos todos en una gran explosión, estoy seguro de que yo veré caer la bomba desde un sitio recóndito, sin suficiente crédito en el móvil para hacer las despedidas pertinentes. Y eso, ser incapaz de recordar a otros las razones por las cuales seguramente llegarán al paraÃso después de pulsar END, me aterra aún más que ver el fin putrefacto de la humanidad, luego de años de hostil regateo por pipas de agua.
Asà que morir presa de mà mismo se me antoja más coherente y mucho más satisfactorio. No es heroico aunque pueda ser trágico; no es valeroso, aunque implique cierto desapego de la vida. Sin embargo, terminar con la propia vida parece mucho más atractivo por la sencilla razón de que morir de suicidio permite, cuando menos, una opción que las otras muertes no contemplan: gastar a la propia muerte una jugarreta imprevista.
Lo cierto es que el suicidio, en términos generales, es un evento Ãntimo que contiene la problemática (o la ventaja) de que el único testigo presente es el culpable y la vÃctima. De tal suerte que, si los tres logran ponerse de acuerdo, la cantidad de triquiñuelas que el suicidio permite son, si no ilimitadas, cuando menos vastas. Lo más obvio es pensar que el suicidio permite dejar una carta en la que se diga con relativa solemnidad que uno se ha aventado a un rÃo; luego de dÃas de desaparecido, la gente comenzará a creerlo, mientras uno puede estar tranquilamente viviendo un paradisÃaco sueño en Bali. Pero si extrapolamos la posibilidad del engaño a la del futuro, nos daremos cuenta de que las pelÃculas de ciencia ficción que han educado a cientÃficos de toda clase de disciplinas también podrÃan abrir un montón de nuevos engaños para la muerte. Si el futuro se parece a lo que nosotros pensamos, nada será más conveniente para los suicidas del siglo veintiuno que la colonización del espacio. “Lo siento, querida, pero he decidido cortar la manguera que me mantenÃa atado a la nave que me llevará a ese viaje de negocios en Io. Espero que puedas comprenderlo, mis fracasos han demostrado que mi vidaâ€? etcétera. Lo cual, por otra parte, significará una notable reducción de gastos para rescates infructuosos y pesquisas inútiles por parte de las policÃas de los paÃses del futuro: cuando el turismo extremo implique el trato con serpas alienÃgenas (y plausiblemente carnÃvoros), buscar los cuerpos no tendrá sentido, y la felicidad será una nueva opción. Si alguien descubre que el suicidio en el futuro será mucho más sencillo y mucho menos cuestionable, será cuestión de pocos dÃas para que la economÃa tenga un repunte: las vidas podrán venderse, comprarse o abandonarse como si fueran una empresa poco exitosa, dejando un mercado de hombres decepcionados varado, abriendo la posibilidad de nuevas vidas mucho más dignas. De modo que las cartas de suicidio podrán venderse en Sam’s. E incluso, si se busca con tesón y se logra entender a cabalidad el arte del suicidio fingido, el mundo podrÃa ver un renacimiento en materia de héroes capaces de suicidarse tantas veces como su guerra lo requiera, y, con suerte, hasta un fin del mundo digno donde la humanidad entera prefiera fingir un enorme suicidio colectivo. “Lo siento, morlocs, pero pensamos que ya era hora de apretar el botónâ€? o “Ni hablar; nos aburrimos de beber aguaâ€?, da igual.
El suicidio seguramente es una opción más acorde a nuestros tiempos, sobre todo si admitimos que suicidarse y fingir suicidarse es exactamente lo mismo, siempre que uno haya leÃdo a Ibargüengoitia o a Ibsen. Yo de una vez aviso que asà será mi muerte, o que asà lo creerá quien esté interesado. Lo que siga después no es de incumbencia de nadie más que mÃa.
(Todo esto lo pienso mientras descubro que Don Juli padece una enfermedad incurable que lo hace pensar en el suicidio, sin que nadie en toda la comarca de Fanfurrias lo sepa. Yo lo descubrà porque encontré su boceto de carta perdido por las gradas. No hay mucho qué decir; comienza más o menos igual que el resto de los suicidios, con una mano alargándose desde la cacha hasta el tintero).

Julio 13th, 2006 at 1:51 am
Curioso post. Si te interesa Van Gogh, te invito a ver http://vincent-vangogh.blogspot.com
Saludos,
Emilio
Julio 13th, 2006 at 11:28 am
¡Oh! Desesperanzado cibernauta. Compartimos tus perspectivas… Te tenemos una “invitación que tal véz te agrade” Revisa, en este blog el artÃculo “Cortés invitación”
Julio 13th, 2006 at 2:43 pm
En lo personal, el suicidio, siempre me ha parecido el acto mas valiente que uno pueda cometer. Se necesita muchooooooo valor, mucho mas del que yo tengo, para decidir que uno simplemente no va mas, y no seguir en una existencia estupida, de esas que creen en el “mañana”.
Y sip, yo tmabien pienso que en determinado momento, yo tendre ese coraje…y lo hare.
Julio 14th, 2006 at 12:13 pm
Estoy empezando a leer tu cuento y creo que ya soy fan… estoy empezando desde el principio para no perder el hilo… felicidades!
Julio 20th, 2006 at 7:14 pm
sà mueres yo pido tus lentes
Julio 20th, 2006 at 9:46 pm
El dia en que te quieras suicidar, te recomiendo que juntes un monton de semillas de manzana y las dejer remojar en un vaso de agua toda la noche; durante la mañana te bebes el agua. A eso le llaman la muerte dulce, y se supone que mata porque las semillas de manzana dicen que tienen cianuro (osea, que no esta cientificamente comprobado). Si quieres algo un poco mas ceremonial, hazte un harakiri, la pregunta es: ¿tendras el valor suficiente para desgarrarte las entrañas con un cuchillo asi, a lo descarado, sin tomar algun calmanto o narcotico? Saludos hasta el df, y aun no te suicides, hasta que termines la historia del chanfle

PD: yo si tengo una razon valida de suicidio: no tengo internet!!!