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seis banderas

El estrés es un catalizador de historias dignas de contarse. Por ejemplo: conozco a un tipo que cada vez que se estresa, corre; una vez, el tipo corrió desde Polanco hasta bien entrada la carretera a Cuernavaca, y eso que su estrés de aquel momento se debía sólo a una derrota de México en el Mundial; ésa es la mejor razón por la cual he tratado de no seguirle la pista desde que trabaja, aunque, si mis cálculos atinan, ahora debe estar viviendo en el último lugar hasta donde lo arrastró su estrés, el cual, seguramente, debe ser una villa de verdes pastos en el cual hay una política de no estrés: debe vivir pobre pero feliz, y asumo que desde que llegó ahí no ha dado un solo paso siquiera para comprar cigarrillos. Otro ejemplo: a alguien se le ocurrió, después de un agitado periodo de exámenes, organizar un fight club, debido a que nadie le explicó la película y el tío jamás entendió que aquello tenía que ver más con el estrés trascendental que con el momentáneo, de tal suerte que organizó a todos sus compañeritos hasta convencerlos de espantar los estorbos a punta de rajadas de madre literales; el tipo era tan distraído, que jamás notó que él era el único que no tomaba clases de box: hoy, estoy seguro, ya no tiene estrés, sencillamente porque creo firmemente, a pesar de lo que digan Almodóvar y los médicos, que cuando uno entra en coma no hay posibilidad para la preocupación. Un ejemplo más: alguien se enamora cada vez que se estresa: hoy ha dejado de creer en la morfina. En fin: el asunto es que la gente vive historias (histerias) porque se estresa.

Yo no. Vaya: sí que me estreso, cotidianamente y como si de ello dependiera mi vida. Me refiero a que yo no necesito correr, ni pelear, ni decir que me enamoro ni ir al cine ni tomar pastillas ni beber ni hacer yoga ni contar chistes. Cuando me estreso, hago una de dos cosas. La primera, escribir. Lo cual, de inicio, resulta útil, porque escribir tiene un efecto en mí muy parecido al del glutamato monosódico: escribir no sólo me vuelve libre, sino que me vuelve. Como toda pasión, escribir tiene un problema: en algún caprichoso punto, llega a estresarme. Ello nos regresa al primer círculo y nos lleva a la segunda solución. Así que cuando yo me estreso, grito. No majaderías, no. Para desestresar por el grito, no hace falta dirigirlo: se trata sólo de gritar. Y, en mi caso, no hay mejor forma de gritar sin destinatarios que ir a Six Flags México.

Cuando danzaba yo por la parte más feliz (sic) de mi adolescencia, aprovechaba la menor provocación para ir a gritar. El miércoles me recordé eso: aún con un montón de cosas por hacer, me largué a gritar hasta las faldas del Ajusco. Entre otras cosas, descubrimos que

a) Uno sabe que se está volviendo viejo (o alcohólico) cuando es más emocionante la idea de esperar en una banca, bebiendo chela y fumando, que la idea de subir por quinta vez a superman-el-último-escape.

b) Si uno va acompañado de cinco féminas, y aún así es el de gritos más sonoros, es que o el estrés es demasiado alto, o uno necesita desesperadamente volver a la niñez.

c) Ir en el mes de tu cumpleaños tiene sus ventajas: te cobran la mitad a la entrada, cierto; te dan una estampita para escribir tu nombre, sí; pero también tiene ciertas incomodidades, como la de ser homenajeado por todos los amables amigo-bájate-del-barandal, quienes te felicitan a discreción (unos más emocionados que otros, unos diciendo nombres incorrectos y otros no) cada vez que te ven. Aquí tengo que decir que la feliz sticker me costó una pelea a muerte con Marvin el Marciano, quien sencillamente no toleró nunca que yo usara la estampita en la espalda y no en el pecho, como él insistía (por cierto: en la estampita, mi nombre era “Barman Jedi�, por causa de la dislexia de un elegante personaje que en la fila de la entrada dijo: “pero yo al primero que me quiero subir es a ‘Barman Jedi’�, queriendo decir “Batman The Ride�; la cosa es que los amigo-bájate-del-barandal asumieron, por alguna razón que desconozco, que yo me llamaba Manuel).

d) Es cierto: el tiempo es más corto cuando uno tiene más de quince; eso, o cada vez hay menos gente en Seis Banderas. Lo bueno es que a la gente también le emociona cada vez menos mojarse en el Esplais o en el Wild River.

e) Insisto: no es buena señal que parezca más atractiva la idea de llevar a los sobrinos a conocer a Bugs Bunny que subirse al Vudú.

f) El Vuelo Alpino sólo es divertido si uno juega a que despega y a que aterriza. Y a mí la idea de volar ya me asusta un poco.

g) La gente que pide tolerancia suele ser intolerante de a madres. Yo estoy de acuerdo con el asunto del respeto a los no fumadores y así. Estoy de acuerdo en que no se debería fumar nunca en lugares cerrados. Oquei, debería haber lugares asignados para los fumadores (lo cual en un espacio abierto me parece un tanto caprichoso). Lo que se me hace cruel (sí: CRUEL) es que esos lugares estén dispuestos como escaparates para la burla, el temor, el asco o el escarnio de los no fumadores. Es decir: no hace falta torturarnos. De algo nos vamos a morir, sí, nosotros elegimos esta muerte; eso no le da derecho a nadie (ni siquiera a los no fumadores) para hacer de las “áreas reservadas para fumar� los lugares más recónditos, escondidos o penosos. A lo que voy es: ¿es mucho pedir que pongan una macetita, que dispongan esos sitios cerca de las áreas de necesidad nicótica (como justo después de salir de un juego, o cerca de los restaurantes)? O sea: ¿por qué es legal echarse una chela junto al carrousel de los Looney Tunes y no es posible echarse un tabaco luego de comer, siguiendo las más primitivas reglas de la sobremesa?

h) La cara del payaso me sigue pareciendo asquerosamente grotesca, y a mis 24 años todavía soy incapaz de cruzar por su boca.

i) Extraño Reino Aventura. Es cierto: estaba mal cuidado, tenía pésimas atracciones, y todo era about Cornelio. Pero era yo más chamaco y me divertía mucho. Además, en los tiempos de Reino Aventura las cosas más estúpidas eran motivo de festejo. Por un lado, lo trágico: sólo en Reino Aventura pudo haberse caído el Enterprise; pero sólo en Reino Aventura Microchips pudo haberle hecho una canción a uno de los juegos (boo-boo-boo-boomerang-te-quiero-alcanzar, y Jay de la Cueva un poco más ridículo de lo que es hoy).

j) Me sigue pareciendo increíble cómo en ese parque nos conocen mejor de lo que pensamos. Oquei: normalmente, uno hace el recorrido base, que empieza por el Pueblo Mexicano en el Río Salvaje y Superman, sigue por un costado del Pueblo Francés, en Le Mans, La Mansión de la Llorona, y la atracción-ésa-que-cambia-de-motivo-cada-año, sube por el Pueblo Vaquero hasta la Medusa y el Huracán, cruza de nuevo al Pueblo Francés, para correr hasta Hollywood (¿ven? Es molesto que “Hollywood� no haya seguido la tradición reinoaventurera de ser, por ejemplo, el Pueblo de Cannes, o, de jodido, Hollywood Town) a subir a los juegos más emocionantes, como el Escorpión y Barman Jedi. Después de todo esto, uno tendrá hambre, ¿cierto? Bien: justo antes del Pueblo Polinesio, y frente al Teatro Chino, está la mayor (y la más variada) concentración de restaurantes. Así de bien nos conocen. Lo raro es que de ahí para adelante sigan juegos de alto riesgo vomitivo, como el Kilahuea o el viaje de Bob Esponja.

En fin. ¿Sirvió mi día de trabajo perdido (mi “pinta�… si les digo que ya regresé a la adolescencia, yo) para sacarme el estrés? Sí y no. Sí porque hoy estoy ronco, y quemado de la frente, y más relajado luego de los ajetreos propinados por esas maravillas ingenieriles; no, porque me siento un poquito más viejo: esta vez me mareé en la Cabaña del Tío Chueco.

9 Responses to “seis banderas”

  1. El Conde de Almaviva Says:

    Me urge una ida a Six Flags para desestresarme, believe me… Por lo menos, tu ya lo hiciste.

    Ahora, Manuel Feben como que no rima… Me quedo con el Ruy.

    Saludos!

  2. Adrián L.H. Says:

    vaya, y a mi que me da miedo la rueda de la fortuna…

  3. Ana Lucía Says:

    Yo me puse en huelga de esos centros de perdición desde que se llevaron a Keiko.
    Puuuuuuf, estoy delatando mi edad durísimo, qué estrés… ve lo que ocasiona su desestrés?? ahora su post mestresó, don feben!!!

    Pd
    ¿¿de verdad ya se murió Keiko?? Ella me dio mi primer beso…
    BUAAAAA.
    Zafo correr, me da miedo la Llorona o esas casas de los sustos, tengo prohibidas las emociones fuertes en la columna y la Cabaña del Tío Chueco me hace sentir estúpida… ergo, voy por alcohol o me doy un tiro a la de tres. Y en algún lugar en donde no menosprecien a los fumanchus, qué gente tan sana. Ya no hay valores, ya no los hay.

  4. El Conde de Almaviva Says:

    Mas que valores, ya no hay respeto.

  5. CiscoKid Says:

    Se me hace que la proxima vez que vaya a Mexico, voy a visitar esas partes….

    Saludos

  6. MaJaDeRiA Says:

    Juaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa. No sabe como me hizo reir, ya con eso me desestrezo. Es que me hice la imagen mental de ud, MANUEL, peliando con Marvin el Marciano y juaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa.

    Yo no conozco six flags, habra que pasar a verlo.

  7. lupilstinskin Says:

    Viviendo a 8 cuadras, jajaja hace màs de ocho años que no visito este parque, mis recuerdoas al respecto son tan variados…
    y que curioso chico, io estaba pensando planeeear un reencuentro con este sitio para mi cumpleaños 24, serà a acaso un sìndrome raro al sentir cada vez màs cercano el festejo del primer cuarto de siglo?
    io opino que hay que envejecer con gracia, o sea murièndonos de risa. (aunque he comprobado que tran una hora ininterrumpida de reir puede resultar sumamente doloroso)

  8. Paola Says:

    je je, yo hice lo mismo el año pasado…creí que sólo yo acudía a esa técnica del “grito sin destinatarios” en Six Flags ja ja ja

  9. Anonymous Says:

    Hermano. Primero enseñeme a ponerle un comentario en su blog…!!!!

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