fauvismo
Hace más de un siglo ocurrió más o menos lo mismo en ParÃs, con los fauvistas. Hace unos cincuenta años, lo mismo, con Pollock. Y me imagino que el primer cavernÃcola que tuvo a bien rayar las paredes de la cueva del clan con mastodontes-que-cazaban-el-espÃritu, obtuvo más o menos las mismas reacciones, sólo que en periódicos de piel de mamut y sin tanta palabrerÃa. Otra cosa tienen en común éstos tres con los de la exposición de Saatchi: todos ellos se insertaban en contextos humanos bastante inestables. Los fauvistas enfrentaban un momento de la Historia donde el impresionismo estaba a punto de manchar el lienzo, donde la Primera Guerra estaba esperando entre risillas detrás de la esquina, en la puerta de un siglo que serÃa más agitado que el resto de la vida humana sobre este planeta; la Academia estaba embebida de su propia idea de Arte; Pollock estaba en el umbral de un mundo listo para liberar la mente, ansioso por probar la pÃldora anticonceptiva, deseoso de entrar en riña con una bomba atómica; la Academia estaba embebida de su propia idea de Arte; los cavernÃcolas estaba a punto de encontrar el punto de cocción de la carne de mamut, a dos años de descubrir la agricultura y a pocos metros de dios; la Academia (el señor barbón del gran garrote) estaba embebida de su propia idea de Arte.
Hoy nos enfrentamos a no poca cosa. Una potencia mundial que se asemeja bastante al nerd que sacó diez, a punto de salir del salón, lejos de la protección de la miss; una total incapacidad de entender qué demostres significa “salamâ€?; un pandemonio que parece pasarela de modas, donde figuran esbeltas figuras (a causa de la bulimia, la pobreza o la estupidez) rellenas de bocio; una sociedad sobre sexuada que encuentra el clÃmax de toda la evolución en la rebaba de sus inicios. Creo que, ante todo esto, un cuadro que parece pornografÃa (gracias al Dada por recordarnos que el arte es donde el arte está) es lo menos que se puede decir.
El arte es una disciplina que forzosamente se construye de vÃsceras y sesos, sobre el suelo devastado de lo que no podemos creer como real. Es cierto: los artistas (y afines) son idiotas inconformes, parias al servicio de sus propios desórdenes emocionales-sexuales, escombros de seres humanos que fueron abandonados a media construcción. Es decir: mientras que todo el mundo puede detenerse a observar con satisfacción el edificio de su cordura (el edificio de su realidad), el artista piensa en cómo construir el pent house. Si la realidad se bastara a sà misma, si pudiese explicarse con sus palabras, el arte no tendrÃa sentido; pero (y sobre todo en un universo como el de hoy, en el que hasta los astrólogos piden rescate por un planeta secuestrado) la Realidad no se basta. Y por eso el arte empieza, asÃ, con minúsculas, a rellenar los paréntesis vacÃos, en callejones, graffiti, en pornografÃa y comics, en blogs y fanzines. Y por eso todo arte es fauvismo: porque si el arte no saliera del esquema de una Academia embebida de sà misma, no tendrÃa sentido.
En el último mes, me han rechazado de dos becas literarias. El motivo lo desconozco, pero asumo que tiene que ver con una de varias cosas: o mi narrativa es pueril, o sucia, o toca temas que no se deben tocar en literatura, o se escribe en internet (el papel bastardo), o sepa “Santaâ€?. Ver que a Saatchi lo tachan de pervertido me llena de paz. Quizá yo no escriba sobre el clÃtoris de nadie; pero, al menos, sigo trazando los planos de mi jardÃn de techo.

Septiembre 26th, 2006 at 11:24 pm
Y se te vas más atrás, Beethoven fue abucheado cuando estrenó la 9 sinfonÃa. El pobre estaba tan sordo que creyó que lo estaban ovacionando.
El arte es el inconsciente de la conciencia colectiva. Un psyke decadente se refleja en cristos bien dotados y lolitas tocando la corneta. Y cuando nos acostumbremos a eso, algún genio escandalizará al mundo haciendo algo de buen gusto.