insomnio faldero
El insomnio no fue peligroso para Chotolo sino hasta la noche que (rechoncha como un ojo fotografiado por un gran angular) la TV quedó encendida a quemarropa para devastar el sueño fulminante del Amo y su vigila perruna, a merced de infomerciales chocarreros (que son el soundtrack de la vida misma si-llamas-en-los-siguientes-veinte-minutos, perrito pendejo) el tiempo justo para que el lanudo Chotolo descubriera que no ha descubierto del todo su condición de perro, y que con toda seguridad cada frase elocuente de los anunciantes repetidos va dirigida a las orejas flácidas de su insomnio: por fin, la humanidad que largamente le ha negado la inconveniencia de la taxonomÃa, estarÃa al alcance de una llamada y una vuelta de correo.
Pero:
ni por usar el aparato para el abdomen de acero tendrá Chotolo pulmones de poeta,
ni por pedir el procesador de alimentos mágicos podrá Chotolo la sobremesa de polÃtica y canciones de Serrat y libros de Ã?ngeles Mastretta,
ni por mandar mensajes al oráculo hembra encontrará Chotolo sus soledades de manos cogidas en el parque y tardes de celuloide probeta,
ni por desvelarse amanece más temprano, aunque se memorice la forma que el brassiere maravilloso da a la teta,
ni por aprobar uno y mil productos a ladridos se puede dar brillo del alma perruna a lo sapiens-sapiens que tiene Chotolo en la perruna testa,
ni hay insomnio suficiente para comprobar que los perros son perros y los amos Amos, aunque con tesón de pierna amada escupa Chotolo todas las babas nocturnas hacia un papel o una máquina sofisticada (¡es increÃble!) para explicar a chillidos su intención humana y su merecida afrenta.
Sin saber nada de nada, el Amo sueña que Chotolo recibe el producto sagrado de los Dioses Ocultos del Llame-Ya, que bajan esta noche de su olimpo sin croquetas para tomar al perro por los ojos y dejarle sin pestañas y sin tregua, para hacerle la primera incisión que le deje bien claro (¡es tan fácil que hasta un niño puede hacerlo!) que el insomnio y lo perruno es lo mismo a dos patas o a cuatro: que la noche sin sueño no es vigilia (cuidado con el perro), a pesar de los infomerciales y las maravillas y los anhelos y los cuentos de Chotolo a modo de canción para la duermevela, sino el ojo que mira sin recelo el paquete (pedido, con garritas temblorosas, al teléfono en pantalla) que advierte que adentro (rechoncho como el ojo fotografiado por un gran angular a quemarropa) está el regalo sorpresa por haber llamado en los primeros cinco; que la vida se vive de infortunios y se mide en éxito inconcluso, como el producto milagroso, de noches surround-sound sin cortes comerciales, de Amos dormidos con un sueño definitivo como el homini lupus (canis), y que el control de la tele, con insomnio o con sueños maravillosos de humanos poderosos, sigue en las dormidas manos del Amo con pulgares opuestos, que justo ahora se arropa un poco temeroso, a la luz anhelante de los ojos de Chotolo.
2006,
año del perro.

Noviembre 24th, 2006 at 3:13 pm
Se ausento mucho tiempo (aunque ni tanto como cuando lo he hechoyo), creà que habÃa saltado la frontera, y que caminando por el Area 51 una nave se lo habÃa llevado hasta más alla de la VÃa Lactea y ahorita andarÃa dando de claxonasos a 48 años luz de aquÃ.
Lo que más risa me da de los comerciales de media hora que pasan en la tele es el mentado regalo que te dan si llamas en los siguientes 5 minutos, promoción que sigue vigente durante toda la media hora que dura el comercial.
Saludos hasta alla desde aca.
Noviembre 27th, 2006 at 11:35 am
Hablando de insomnio…
Un cuento sobre la percepción ontica que tiene un can de los infomerciales. Dr, usted ya está chalupa. Que pase muy buena tarde.
Noviembre 30th, 2006 at 10:36 am
uoorales…
Diciembre 4th, 2006 at 10:39 am
Chido. Siempre he pensado un cuento, que no pienso escribir (al menos próximamente) acerca de los actores de infomerciales. La idea es que en realidad no es una grabación repetida infinitamente, sino una representación en la que los actores tienen que repetir lo mismo todo el tiempo. Las diferencias serÃan mÃnimas y sólo podrÃan verse cuando alguien se pusiera a revisar videos de distintos dÃas de transmisión. En fin. Lisérgico.