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should have signed a prenup

El escenario tendría que haber sido (de modo casi dogmático) un restaurante nocturno a la luz de las miradas furtivas de las orejas de mesas indiscretas. Él debería llevar una corbata de color frío para aminorar la carga de la culpa, y él debería verse radiante, exigente, a punto de protagonizar su primer Broadway o de convertirse en drag. Las intenciones, a todas luces, deberían quedarse con el abrigo en el perchero y todo debería parecerse a una escena de manteles guinda dispuestos al estilo americano sobre gabinetes que parezcan intentar distribuir de manera más o menos uniforme la tensión sobre la alfombra de velas quietas (y seguramente falsas). Ellos están a punto de tener la última conversación sobre una relación que nunca ha sido del todo sana, y lo saben, tanto ellos dos como el resto. Intuyen, luego de leer las ruidosas líneas del tiempo, que no da para más. Sencillamente, detrás del cuadro azul idéntico desde hace un mes, oculto al calce del silencio, está el presagio prometido del abandono. Él lo sabe y él lo sabe también. El primero en hablar es él.

- ¿Y qué? ¿Qué has sabido de la banda?
- Poco. Desde que te largaste apenas pasan a visitar. Esos amigotes tuyos… si ya sabía yo que nada de buenas influencias.
- No los culpo. La verdad es que tú solo eres bastante poco.
- Si sabías eso desde el principio, ¿por qué me aceleraste? ¿eh?
- No sé. Supongo que estaba aburrido.
- Puto de mierda…
- Frígido asqueroso…

Callan. Él no puede evitar recordar episodios traspapelados como baraja de charlatán. Cierto: al principio, la sola idea de admirarlo le parecía suficiente. Así: suficiente, una totalidad inmaculada que no requería del otro más que para contar. Ahora tal suficiencia le parecía raquítica, vacía. Sí: son dos años de terrible cotidianeidad, son más de setecientostreinta días embutidos en el culo de su conciencia. Tampoco que haya sido fácil, para ninguno de los dos. Él sabe que sin él la locura era una cuestión de espacio; él sabe que sin él, la existencia era vanidad. Así había comenzado todo. Una noche de silencio reptil, una descarga de ego y un lugar feliz. Luego, el 2006 y sus promesas inconclusas. Finalmente, un silencio jurado y un fusilamiento aplazado, sin últimas cenas ni máscaras negras. Eso no era fusilamiento, se decía él, eso se llama pelotudez de las que truenan. Desde que él se había ido, él sólo era un espacio desierto. Un puto pedazo de tierra sin chiste ni historias que contar. Una boca sin besos.

Él se justifica y recuerda.

Pasa que no he podido escribir. Me siento lejos, pero no lejos como cuando uno viaja. Lejos como quien se sabe incapaz de tomar la mano de alguien sentado inconvenientemente a un lado. Como quien mira sin poder descifrar una respuesta terminante. Lejos como un espejo sin vaho. No es como que hayamos estado cerca nunca. ¿Recuerdas el día del mensaje perdido? Fue la vez que estuvimos más cerca de lo cerca. Y no pasó. Tuve miedo.

Nuestro momento más feliz fue siempre el futuro. Y de eso, mi niño, se sabe que hay déficit desde hace años. Es tan mal negocio, que sólo a ti y a mí se nos ocurre enfrascarnos en ello. Después de todo, tiene sentido… Sólo emprendiendo una empresa completamente imposible podríamos haber creído que dos como tú y yo podíamos estar más de tres días de la mano.

- Y después de todo, ¿qué? ¿Tuvimos buenos momentos?
- Tuvimos buenas ideas. Los momentos no pueden ser ni malos ni buenos, porque comúnmente no son. ¿Te acuerdas del día del abuelo?
- “Uno escribe como si le hubieran extirpado la vida por miedo a que nadie quiera tocarla�. Sí. La próstata fue un bonito detalle… O el de escribir.
- ¿Cuál de los veinte?
- Bueno: que esa idea tuya de ir por una cruzada por la justicia social… ¿de verdad crees que alguien te entendió?
- Creo que por lo menos lo intentaron. Nunca fuiste muy articulado, querido.
- Cierto. Monterroso debe estar cagando en su tumba. El papel de baño por mi cuenta.
- Lo cierto es que nunca debiste haberte metido con el reggaetón. Además, mientes: lo bailas, y te gusta.
- Siempre miento. Lo cual encierra en sí mismo una paradoja. La cosa es que me gusta la ficción, que, creo, es una mentira constructiva.
- ¿Siempre mentiste? ¿En todo este tiempo ninguna cosa fue completamente cierta?
- Ninguna. Todas siempre tuvieron un ingrediente, no de mentira, sino de ficción galopante, que no hicieron más que hacer de la verdad una verdad con fleco. Pero para eso era esto, ¿no? A mí me dijeron que la cosa era la felicidad, y yo les creí. Los primeros mentirosos son ellos.
- Nos hemos divertido, ¿cierto?
- No lo sé. La diversión, mon cherry, es como el amor de tu vida: sabes lo que es sólo hasta que lo pierdes.

Se miran y concluyen de un modo independiente que, por fin, es así como se siente la ruptura: de cierto modo, se parece a una camisa encantadora que se rasga de pronto; de otra forma que no entienden muy bien, es como una nube que ha surcado todo el día para encontrarse con el atardecer al oeste. “Son horas nalga, tío�. No: son horas alma. Se miran sin profundidad ni pretensiones, con un reojo frontal que hubiera hecho crispar al más temerario de los perros. Por fin, Feben se confiesa:

- Es que no he podido escribir. No he podido. El mundo está en mi contra y se ha vuelto demasiado aburrido o demasiado excitante. No he podido…

Y es aquí donde su blog lo consuela, sin muchas ganas:

- No es tan importante, pasa nada. Velo como un cambio de frenos. Necesitas tiempo.
- ¿Otra vez vendiendo futuro?
- No, tío. Buenas ideas, nomás.
- “Uno escribe como si le hubieran extirpado la vida…�
- No importa; ya terminó el transplante.
- ¿Y ahora?
- Escribe como si pudieras montarte a la vida. Tócala.
- Necesito tiempo.
- ¿Otra vez vendiendo futuro?
- Sí: el mercado está desierto.
- *sigh* (I should have signed a prenup…)

- ¿Así se siente el fin, entonces?
- No, este no es el fin de nada.
- Por fin, ¿firmo el acta de divorcio o no?

La cámara se aleja: el sonido va a fade out: alcanzamos a ver a Feben dando a su blog el monosílabo definitivo: se abrazan y parecen confesar una última ofensa: lloran bajo el paraguas de una sonrisa dibujada desde las entrañas: se miran: cogidos de la mano: se abrazan: la cámara sale del restaurante, en nada parecido a uno de mesas rojas y velas artificiales y actas de divorcio.

CORTE A:

- Hey, Albert! Good luck exploring the infinite abyss!
- Hey! You too…

7 Responses to “should have signed a prenup”

  1. Arturo Says:

    Maestro:

    Difícil asunto el de la hoja en blanco ¿no? Dice Sabina que lo peor es: “cuando al punto final de los finales no le siguen dos puntos suspensivos�. Yo creo que aquí sí hay todavía por lo menos un punto suspensivo. En fin, ya se verá, nomás pa que veas que la banda sí te visita. Voy a buscar el sombrero (¿pachangas?) para poder quitármelo…

  2. Cloe Says:

    Y los niños…
    digo, porque en esto de la separación siempre hay inocentes que pagan los platos rotos no?
    Yo me siento como uno de ellos porque ese divorcio implicaría que ya no podría leerlo…bueno por lo menos no virtualmente, aunque cosa buena sería poder leerlo en otro lugar.

    Sin embargo, creo que yo no tengo mucha cara para reclamar nada, yo no aguante mucho la relación y es que es tan desquiciante y demandante lo muy jija…en estos días ando pensándomela para reiniciarla, pero quién sabe.

    muchos saludos

  3. arboltsef Says:

    Pues ya, a postear, ya estuvo bueno!!!

    ahora viene la reconciliación sexosa!!!

  4. Anonymous Says:

    ok, tons dejo de entrar a esta dirección?.
    Si ya no escribes que haces ahora, enchiladas? a ver cuando invitas
    JAJAJAJAJAJAJAJAJAJA!!!!

    io merita (lupilstinskin, no puedo comentar con mi cuenta)

  5. Simplemente Diego Says:

    No te imagino sin escribir, porque además de que lo haces demasiado bien, al final puede que exista otro post más en este blog. Saludos hasta donde estes, TJ o el DF.

  6. Simplemente Diego Says:

    Voy a reescribir mi comentario, porque el otro no tiene coherencia (mil disculpas).
    No te imagino sin escribir, porque hasta donde se, del material que has publicado aqui y en otras bitacoras, eres demasiado hiperactivo, no puedes estar quieto, y se ve que esto de la escribida te apasiona; además lo haces demasiado bien. Al final puede que exista otro post más en este blog, porque dudo que te quedes con las ganas de dar rienda a tu pasión en este espacio que es tuyo, eso sin contar que tienes tantos blogs regados en el ciberespacio, como hay asteroides y meteoritos regados en el cinturón de Kuiper. Si te sirve de consuelo (o de fastidio, no tengo la menor idea), soy fan de tu forma de escribir, y eso se nota en que cada vez que leo un post tuyo me dan ganas de escribir, aunque eso no sea lo mío (definitivamente :P).
    Me despido, saludos desde aqui hasta alla.

  7. Neonidas Says:

    VOLTOBÖ

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