a mà y a mi amigo el clima nos gusta “adaptation”
Junio 21st, 2007Apenas ayer me atrevà a escribir algo por primera vez para este blog. Por primera vez. Repito esto, pausadito, porque es claro que, aunque éste no es mi Estreno Blogueril®, lo cierto es que abrir cada blog es como
a) coger con alguien por primera vez
b) probar por primera vez unos tacos nuevos
c) comer algo que hace años no comÃas, para descubrir las razones por las cuales ese algo te gustaba tanto
O sea: no es bloguear por primera vez, pero es como si uno blogueara por primera vez. Y otra vez preocuparse porque si los comments llegan o no, y que si la página está bonita o no, y si lo que uno dice tendrá la más mÃnima importancia en cualquier contexto posible. Bah. Lo mismo debe sentir Axl Rose ahora que es gordo, y aún asà se para a dar conciertos, ¿que no?
En fin. DecÃa que ayer por vez primera escribà algo en mi blog marca Chilangoâ„¢, y (podrán notarlo) me sentà estúpido. De pronto, esto del blogueo, en lo que yo me consideraba lo suficientemente experimentado como para ser temerario, se me complica muchÃsimo. Y no sé cómo ser natural, ni cómo dejar de lado mis (nada graciosas, oh) Ãnfulas de poeta maldito. Y empiezo a trazar frases como ésta que justo ahora estoy trazando y que junta el verbo “trazarâ€? con el sustantivo “fraseâ€? (dúper mamón). Una pesadilla. Y entonces, inspirado en parte por el feel de mi (dizque) allure, y en parte por el maldito clima, escribà algo asÃ:
(que, por cierto, se llamaba “wet thriller�, hacer el chingado favor…)
“Todo buen peatón chilango sabe que la única manera posible de disfrutar Chilangia es a pie. Nada de Santa Fe y el Pedregal y esas zonas groseras que funcionan a empellones. No: el DF, en su chiclocentro, no es otra cosa que caminar sus enormes distancias, perderse en las lÃneas de metro, lidiar con cacharpos arribistas. Amar Chilangia es temerla, porque es saber que a la Buenos Aires no se entra asà nomás de compadres. En los trámites de fruición de la Gran Chilangia no hay visados extemporáneos: o se es vecino o se es fuereño, no hay más, no hay oriundos ni primos ni horarios de visita. Y eso, las caras de desconcierto que se arman tras pasar una cuadra prohibida, el brinco de la panza cuando se llega demasiado lejos yendo sobre Isabel La Católica, el placer de un barrio lleno de cafés o bares, es algo que sólo conoce un peatón en regla después de largos ejercicios de prueba y error que, en más de una ocasión, se encuentran de bruces con algún obstáculo del tipo “no mames, me apañaron el celâ€? o “carajo, ahora huelo a caldo de polloâ€?.
Caminar Chilangia tiene su clara problemática, que no me propongo a abundar. Baste con saber que el primer miedo del peatón chilango no es otro que el mal clima. Porque si para los amables conductores la lluvia significa una o dos o tres horas más anclados al asfalto, para los peatones la lluvia significa terror. No sólo por la discapacidad que tenemos de pronto para ir hacia cualquier parte, ni porque la ciudad se vuelva un territorio inútil, estéril y malhumorado. Para nosotros una ciudad con lluvia deja de existir. No se trata de correr a la portezuela y respirar agitados antes de dar vuelta a la llave: se trata de ver una ciudad devastada, convertida en su totalidad en claxons mojados. Como si un montón de gremlins descubrieran la rueda. La hostilidad hecha un “no mames, ¿apoco ya es época de lluvias?â€?, y una tremenda paranoia que se materializa en hedores que bien podrÃan salir de un campo de muerte: en el metro, el olor a playera percudida; en el pesero, los humos del desodorante vencido; debajo de la lona que resguarda el taco campechano con papas fritas, el aliento temeroso del hambre improvisada, ineludible. La ciudad, que de por sà es una secuencia gore, en época de lluvias es para el peatón un thriller sin héroe.
Para nosotros esto de las lluvias es una lenta agonÃa, con tiempos de espera hinchados y enojos gratuitos. Es como la señora que el otro dÃa, esperando para cruzar Revolución, a la altura de Barranca del Muerto, y luego de más de diez minutos de empaparse por cuenta de los cientos de conductores histéricos, por fin pudo atreverse a dar el paso (que no por ser valiente debe ser grande) hacia el otro lado del camellón. Apenas habÃa dado un par de brincos entre los charcos imprevisibles, un auto le pasó demasiado cerca, dejándola empapada de Agua de la Calle®. Lo cual es peor que ser meado por tres perros con tifo. Acto seguido, la señora quedose impávida en medio de la avenida, a la merced de lo único que podÃa arruinar por completo su húmeda tarde: los claxons de conductores desesperados por el tráfico alocado. AsÃ, la idea que la señora podrÃa tener de “lluvia ácidaâ€? quedó desvencijada y reinaugurada: en medio de una ciudad (cierto, con dudosos Ãndices de contaminantes) nublada, empapada hasta las intenciones con agua de procedencia precisa, precisamente de donde-uno-no-quiere-saber, estaba siendo atacada por gremlins con stereo, a punto de ser devorada por algo más que ni ella ni nadie se atreverÃa a preguntar.
Para Nosotros Los Peatones®, no hay otra belleza en la ciudad que caminarla. La lluvia es el corrosivo de tal posibilidad. Por eso cuando llueve en esta ciudad nadie sale a dar brincos de charcos. Por eso en esta ciudad no hay casi historias románticas con besos bajo millones de gotitas jodonas. Por eso los peatones, al calor del parece-que-va-a-llover, nos ponemos tristes. Por eso en esta maldita época de lluvias, algunos de nosotros hemos preferido lidiar, con más resignación que valentÃa, con WordPress, desesperarnos por causas justificadas, y fantasear con la idea de que mañana, quizá, sea verano después de todo.
*sigh*�
Sisisi: con todo y suspiro final, por si les hacÃa falta el efecto teatral de lo mamón que puedo llegar a ser si no me propongo otra cosa. Lo único que querÃa decir con todo esto era que odio los dÃas nublados y que odio más cuando no puedo caminar en la tarde y que odio, sobre todo, y con todas mis fuerzas, a wordpress. Pero, además, la cosa era dejar muy claro lo de los dÃas de lluvia… lo cual es totalmente injustificado si el dÃa que pretendo postear sale un sol que me recarga la energÃa y me hace sentir como quinceañera enamorada.
(por cierto: descubrà que Fionna Apple saca mi lado lésbico. Mis Amigas de la Chamba® no lo entienden muy bien, ya que, argumentan, soy una lesbiana escondida en el cuerpo de un chaparro. Pero bueh…)
En fin: dado lo diacrónico de este post que pretendÃa subir, y agradeciendo las presiones climáticas para escribir algo medianamente divertido, posteo nomás pa no dejar y para irle dando watts a este nuevo blog.
Oyendo: “Millionaire� de Plastilina Mosh que ah, cómo me pone de buenas.
Por cierto, ¿alguien sabe cómo chingados subo una foto en mi perfil de guordpres?
