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descubrimientos de taxonomía chilanga nocturna™

Pues eso: he descubierto, junto con mi amigo el Dr. Porter, nuevas especies nocturnas de esta ciudad. Van, sin más, las tres historias de los descubrimientos, cada una de 666 caracteres (no más, no menos: deben conservar su carácter maldito, estos filum improbables). Conózcanlos.

El homme de la Renassiance

- Son otros tiempos – dijo el Dr. Porter, con garbo de eureka –. Ser renacentista como se debe no se trata de ciencia, arte y filosofía: ya no es trepar a Mona Lisa en un cinnamon roll con alas. Hoy, que tenemos yoga y herbolaria, y Pilates, un renacentista requiere dominio perfecto de cuerpo, alma y espíritu.
- Alguien – hablé con voz sofocada: endurecí mi abdomen – capaz de domar su cuerpo hasta la perfección, de mitigar sórdidos deseos con templanza de maestro zen, de erradicar los sentimentalismos y exacerbaciones. ¿Algo así?
- Sí: ése es el homme de la Renassiance postmoderno…
- Con todo eso, ¿a quién le interesa ser renacentista, si se puede ser pornstar?

El Juan Camaney

Baila tango (pantalón “beish” de pinza); masca chicle (cabello de Little Richard y vaso jaibolero de paloma en el puño derecho). Pide viandas como para sobrevivir un ocaso nuclear a la usanza de José José. E incluye chistes malos.
“Ni chico ni grande, pero juguetón”. Porter y yo reímos con disimulo: pega duro, y nadie se quiere oponer a un ebrio que presume brazos lonjudos al aire, camiseta sin mangas. Aunque crea que somos libaneses.
Tiene viejas de a montón: dos, una más gorda que la otra. Nalguea a la primera, que es regia y pide “cheves”.
“¿Por qué chingados pides cheves? ¡Se me va a enfriar el pito!”.
Y la regia: “Mejor… para que se te endurezca”.
Tururú.

El yunoujú

Luego de severa dosis de alcohol, dos bugas, llamémoslos P y F, van a antro gay. Llevan respectivas chicas; aún así, en cuanto entran, uno de ellos se topa con amigos gays que le saludan efusivamente.

El otro se besuquea toda la noche con una fémina. Y a pesar de lo heterosexual de ambos, al día siguiente un alguien siniestro contará a algún confidente que “vi a P y F en un antro gay”.

De ahí en adelante, cuando el alguien siniestro y su confidente hablen ellos frente a álguienes más ignorantes, dirán: “es como cuando me encontré a you-know-who-en el antro”, y guiñarán. Un nombre y un pecado que cargarán P y F para siempre: lugar incorrecto, momento preciso.

5 Responses to “descubrimientos de taxonomía chilanga nocturna™”

  1. Lord Porter Says:

    Pues me contó P el siguiente diálogo en dicho antro gay:
    J- P! ¿Qué haces aquiiií?
    P- Ajem…
    J- ¿Qué haces aquí, loquilla?
    P- Vengo con unos amigos.
    J- ¿De qué genero?
    P señala a sus dos acompañantes
    J- ¿Uno y una? ¡Mira! ¡Tú si sabes vivir!

    Así que you-know-who decidió no dar explicaciones y quedar como todo un sivarita posmoderno.

  2. Lata Says:

    jajaja, tú eres you know who!!! Además, seguro usas peluca afro. Ya se me hacía que tu rostro me era conocido… lo he visto en fotos que envían en forwards.

    No entendí al Renacentista.

    ¿Las mujeres entran en la clasificación? Me parece difícil imaginarlo…

  3. corrunner Says:

    Me pongo de pie ante Juan Camaney (tururu) y sí lo importante no es el tamaño, sino la energía.

    Ah, qué juguetón…

    pero pregunta… no si te pone frío… se hace chiquito.

    Ok, elimino la pregunta… qué punto de que lo importante es lo travieso no entiendo

  4. [wonderland prisoner] Says:

    Bueno, este comentario no tiene nada que ver con tu post, símplemente no encontré un Facebook o Myspace donde contactarte. Me llamo Azul y reseñaste a mi banda este mes en la “Chilango”, quería agradecértelo. Gracias por los comentarios, en serio estoy MUY contenta. Te mando muchos besos.

  5. flaca Says:

    Ya escribe algo, perdidooooooooooooooo.

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