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jay-jay

Abril 9th, 2008

Desde hace meses, en la H. Redacción® hemos adoptado a José José como la mascota de nuestras horas más oscuras, un poco más por simpleza que por gracia intrínseca al objeto. Creo que todo comenzó cuando Xun empezó a gritar “¡Anel!” a la menor provocación. Los demás les seguimos el juego y voilá: El Príncipe se convirtió, para siempre, en nuestra botarga zapeable. Ahora es común que se escuche a alguien gritar “¡Anel!” ante el estrés del cierre, o citar alguna frase del Príncipe ante alguna complicación. Somos felices.

No es que José José sea gracioso en sí mismo. Sin embargo, ayer descubrí que hay cosas que no dejan mucha alternativa. Resulta que hay un programa, que se transmite por Radio Felicidad, de nombre “La hora feliz con José José”. El programa, además, es a las 9am (es que no hay bares que abran más temprano). Tenemos que admitir que es un chiste redondo. Peor cuando es el mismo José José (lo reconocí por su voz, que recordaba un poco al olor del vodka tonic) quien anuncia su hora feliz transmitida por radio. Oh tiempos, oh costumbres. En fin: chiste redondo.

Hace rato, para desenfadarme de un engorroso encargo, entré al sitio web de José José. No pregunten. La cosa es que me encontré con dos gratas sorpresas que me hacen pensar que una de dos: o el Príncipe es un iluminado enviado a la Tierra por los Elohim Buena Onda para sacarnos del bache, o lo perdimos hace mucho y no lo habíamos notado. Chequen:

  1. El Príncipe está a punto de sacar un disco de duetos, del cual el propio autor comenta: “Contiene dos canciones nuevas inéditas, una con Reyli que se llama “Aunque vivas con él” y otra con Sarita mi hija que se llama “Email me”. La producción es de Luny Tuns que son los productores de “La gasolina” de Daddy Yankee.” Vamos por partes. Primero, está grabando con Reyli. Con Reyli. No sé qué malacopa me dé más miedo. Segundo: ¿quién canta una canción que se llama “email me”? y, sobre todo, ¿qué podría decir José José sobre el despecho internetero?; ¿será que está por hacernos revelaciones sentimentales del calibre de “gavilán o paloma”? Tercero: “La gasolina”. José José. ¿Ya? ¿A qué nuevos vicios le estará entrando el príncipe? ¿Se cambiará de nombre a JJ tha Prince? ¿O será que su disco de duetos contendrá una rola cuyo verso diga “a ella le encanta la cuba libre”? Insisto: chiste redondo.
  2. Por favor pasen por la discografía de JJ. Sé que con esos nombres debe haber un mensaje cifrado, sólo que todavía no descifro cuál. La trilogía del 83 al 85 (“Secretos”, “Reflexiones” y “Promesas”) me hace pensar en Azul, Blanco y Rojo, versión teporocho de alcurnia: las etapas de la peda en tres pasos en cámara lenta. Pero no lo sé. Espero su opinión al respecto. O la portada del “¿Qué es el amor?” (cuyo nombre de por sí debe haber puesto a temblar a Santo Tomás en su tumba), que debe contener ondas del tipo Beatles en SPLHCB. Eso sin mencionar la cosa más terrorífica de todas: JJ es idéntico a Mariano (el que es muy Mariano). Makes me wonder…

    En fin. Quien descubra más, páselo. Este wey podría traerse algo entre manos.

    (O no)

    ¡Aneeeeel!

    sueño stereo

    Abril 3rd, 2008

    Es difuso, pero sé que inicia en un empedrado. Hay gente y movimiento de autos viejos. Voy con tres personas, de las cuales sólo identifico a una, pero no serán relevantes para el resto del sueño. Vestimos ropas de playa, hace calor de playa, hay gente con lentes de sol para playa, sé que estamos en la playa, pero nunca veo el mar. Vamos en un auto viejo, con los vidrios abajo. Nos dirigimos a una reunión (¿fiesta? ¿tertulia?) en casa de un amigo mío. Mi amigo se llama, y es, Gustavo Cerati.

    Aparecemos de pronto en la sala de Gustavo. No sé cómo hemos entrado, desconocería la fachada si la viera de nuevo. Ni siquiera sé dónde ha estacionado el auto uno de esos álguienes irrelevantes. El piso es de cemento, hay un pequeño tapete al centro de la casa, hay una pecera que, de algún modo, sé que tiene agua salada. Hay más gente, pero no conozco a nadie; como sea, nadie se ve demasiado glamouroso, aunque sí lo suficiente como para resultarme extraños luego de muchas noches de farra con mi amigo Gustavo. Él y yo somos buenos amigos, casi hermanos. Yo bebo y la gente que viene conmigo me mira mal. De pronto, Gustavo, alejándose de la gente y en un gesto que acostumbra cuando quiere hacer una confidencia, se me acerca sigilosamente y me brinda una cerveza.

    - ¿Sabes? Creo de verdad que la música que estás haciendo es bastante buena. Vaya, le falta caminar, pero estás empezando bien. Vas a llegar alto, canijo.

    Por alguna razón, Gustavo no tiene acento argentino; nunca lo ha tenido. De hecho, habla con una chilanguez que siempre me ha desconcertado pero me resulta familiar. Y no lo puedo negar: lo que recién me ha dicho sobre mi música me resulta sanador. De pronto, en sueños y todo, siento una fuerza renovada para seguir en eso. La gente que iba conmigo desapareció de improviso, y yo, al mismo tiempo, recuerdo que tengo que despertar.

    - Ya me voy, Gustavo, tengo que despertar ya…
    - Está bien. ¿No quieres antes un poco de mota?

    Me ofrece un porro que tiene una boquilla larguísima, y que se fuma por el mismo lado por el que se prende. Yo acepto.

    - Está bien, para el camino…

    Hoy, apenas al medio día, sé que este es un mal día. Me duele la cabeza, me pesa el cuerpo. Tengo esta sensación de que, de algún modo, quiero escapar.

    ¿Será lo de la música o lo de la mota de mi amigo Gustavo?