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lavadora

Marzo 2nd, 2008

Hoy descubrí que la vida de la gente se puede definir por las cosas que hace en, con, para, o desde la lavadora. Por ejemplo: hay gente que coge sobre la lavadora. Hay quienes pasan horas junto a ella lavando, hay quienes ni siquiera la saben usar porque, sencillamente, no lo necesitan: envían su traje Zegna a la tintorería francesa o llegan demasiado cansados del trabajo en una transnacional. Hay quienes podrían usarla, pero lo evitan: viajan por el mundo y, sólo ocasionalmente, lavan sus prendas de manera clandestina en alguna toma de agua de Burkina Faso. Hay quienes la utilizan si y sólo si la hacen acompañar de detergentes friendly para el ambiente, hay quienes se ofuscan si no consiguen suavizante. De igual manera, a menos que la ropa se lave muy tarde por la noche, a nadie le importa si la lavadora es muy ruidosa o silenciosa, si tiene un motor de ocho cilindros o si hace espuma o moja como ninguna otra: la lavadora está en el último cuarto de la casa, y, en ese sentido, no oculta nada, no es polite, no se hace de maneras. No le importa a nadie, pero es lo más definitivo de uno.

Yo, últimamente, hago tres cosas en mi lavadora, o junto a ella: lavo (dos veces por semana, un buen promedio de bateo), utilizo su cuarto como área de fumar de mi casa, y leo a Bolaño. Particularmente un libro, cuyo punto culminante es:

“las mujeres son putas asesinas, Max, son monos ateridos de frío que contemplan el horizonte desde un árbol enfermo, son princesas que te buscan en la oscuridad, llorando, indagando las palabras que nunca podrán decir. En el equívoco vivimos y planeamos nuestros ciclos de vida”

Bolaño tenía la boca llena de razón (supongo), sólo así podría explicar su muerte prematura, antes de que todo mundo se diera cuenta de lo enorme que era. Yo, por mi parte, me pienso cosas que él traduce mucho mejor que yo, y me pongo a asumir todas las cosas que me están no-pasando justo ahora, junto a la lavadora. Bolaño, de eso estoy seguro, usaba alguna lavadora, aunque no creo que haya sido la suya. Me queda claro que, de secadora, nada.

hasta iba a dejar de fumar…

Febrero 28th, 2008

Algunas cosas más sobre la ley de no fumar:

- Neta neta neta neta, ¿en qué les afecta que existan lugares para los sí fumadores? Digamos: ustedes se pueden quedar con Starbucks; nosotros, con el Jarocho.

- El otro día caí por casualidad en el programa de Ruiz Healy (jeje, y recordé que en mi primer trabajo tuve que escribir un mail a su redacción… escribí su nombre así: “Ruiz Gili”). Tengo que decir que de pronto me sentí escuchando un programa de propaganda nazi. En algún momento, tal cual, soltó un: “los fumadores son un peligro para México”. Como López Obrador, el tsunami-tsurimi, Masiosare y Malamén. Así, igualitos.

- Creo que el verdadero peligro es que de aquí en adelante, cualquier prohibición es posible. El otro día tuve encarnecida discusión con mi roomie al respecto. Él cree que está bien. Yo lo dudo muchísimo: creo que el problema es de salud y de conciencia personal, no de leyes y prohibiciones. “Es como el alcoholímetro”, decía. Yo lo dudo.

- En fin. Repito mis reflexiones al respecto porque la ley se aprobó para todo el país. Bien, felicidades. Muchos de los que ahora se sienten librados de tan fea saña, mañana estarán lamentando que les prohíban el alcohol, el sexo extramatrimonial, el ateísmo…

Insisto: este rollo es un problema de salud, no de delincuencia, ni siquiera de leyes. De verdad.

Con decirles que a veces hasta ganas me dan de dejar el cigarro… pero con tanta alharaca, nanai. Aunque claro: si alguien conoce un buen método, será bien recibido. Hasta estoy dispuesto a postear mi proceso de dejar el tabaco.

Gracias por sus comentarios en el post anterior. Claro que pueden seguir dejándolos; también pueden ir a este foro de Yahoo. Los trancazos se pueden poner buenos.

Pronto: posts sobre otro tema que no me enoje (o sí).

quejumbroso no.1: no soy un ciudadano de segunda

Febrero 18th, 2008

Empecemos con la referencia fácil y ñoña. Decía Carlos Monsiváis (seh: a mí sí me cae bien) que, de no ser por la tele, los delincuentes no sabrían de la existencia del crimen. Yo celebro esa frase. Hace muchos años, las mamás dejaban que sus hijos, tranquilamente, comieran tierra y gusanos hechos en tarta; desde los anuncios de Milo y la enajenación de los Power Rangers, las madres van de psicólogo en psicólogo buscando la mejor cura para el ADD, o buscan psíquicos capaces de controlar lo índigo de sus infantiles auras. En fin: nuestro mundo, cuan más civilizado, se vuelve más idiota. ¿A quién se le hubiese ocurrido en el siglo XVI taparse la boca a la hora de estornudar? A nadie. Los nombres que les ponemos a las cosas determinan su consecuencia. Me explico: no es lo mismo un loco que un enfermo, aunque ambas palabras se refieran a la misma persona. Las connotaciones son diametralmente opuestas. Y nosotros, normalmente, estamos en medio, hechos bolas, sin saber que ninguna de las dos cosas es cierta.

Bien. Yo fumo. Mucho. Bueno, no tanto: hace dos o tres años, estaba en la media; hoy soy un fumador de la categoría “no, es que tú sí fumas un montón”. En realidad fumo en la misma cantidad. Es más: antes fumaba más, o, por lo menos, en más lugares. Fumaba cuando me venía la gana. Nunca jamás vi una cara de incomodidad a mi alrededor. Cuando la hubo (cosa que, insisto, fue nunca; lo que hubo fue frontales peticiones de apagar mi tabaco), retiré mi cigarrillo. Era respetuoso fumador, y nadie salía afectado por ello. Sin embargo, diez años después, apenas me he convertido en Fumador®. Y eso, en este mundo, me convierte en un ciudadano de segunda.

Tenemos una nueva ley que me prohíbe fumar. Huelga decir que entiendo la lógica. Entiendo que el humo mata (más- a- los- que- no- fuman- que- a- los- que- sí), entiendo que es incómodo, entiendo que el cigarro es malo para la salud. Entiendo que está bien que las áreas estén divididas para que cada quien se muera de lo que mejor prefiera. Entiendo que mi derecho de fumar termina donde empieza el tuyo de respirar. Toda la lógica la entiendo muy bien. Pero, igual, creo que esta ley es una auténtica mamada. Y antes de las avalanchas de comentarios tachándome de retrógrada, intolerante, asesino, van mis argumentos.

1. Lo de las áreas divididas físicamente está bien. Insisto: que cada quien sea libre de morir de lo que mejor le convenga. Sin embargo, creo que hay límites. En las nuevas “áreas de fumar” (no sé por qué no les han llamado “lounges de la vergüenza” o algo así) no pueden entrar los no fumadores. Ni aunque quieran. Me refiero: ¿qué pasa si hay un no fumador a quien no le molesta ni el humo ni la idea de morir por ser fumador pasivo (los hay)? De nuevo: que cada quien sea libre de morir de lo que le convenga.

2. Durante años nadie se quejó. Todos asumieron que el tabaco era otro peligro de la vida (como el tráfico, el smog y los cisticercos). Sin embargo, se volvió de pronto motivo de alerta nacional. Como el aborto. Como el narco. Como los bombazos en el DF. Como si todo esto fuera igual y pudiera ponerse al mismo nivel.

3. Ya sé: el argumento es que, a diferencia de cualquier otra adicción, el tabaco afecta a los que están a lado de uno. Incluso, si se ven las cifras, el argumento resulta lógico: cada año, hay sólo 100 mil muertes por alcohol, que, comparadas con las 5.4 millones de defunciones relacionadas con el tabaco parecen nimias. Ajá. La cosa es que el alcohol (a diferencia del tabaco) provoca accidentes; provoca enfermedades mentales; provoca traumas de por vida a hijos golpeados por borrachotes; provoca la pérdida de la conciencia y, en determinado momento, hasta de la razón.

4. Sin embargo, el alcoholismo está considerado una enfermedad, como el SIDA o la drogadicción o el cáncer. Por eso igual hay AA que CRIT’s. El tabaquismo no; el tabaquismo, en este mundo, es una lacra. Eso a pesar de las campañas de Phillip Morris, a pesar de Alberto Vázquez, y los Beatles, y Cantinflas. De un día para otro, los fumadores nos hemos convertido en un peligro para la sociedad… como los secuestradores y los asaltantes.

5. ¿Cuál es el problema? Concretamente uno, que es el mismo del maltrato familiar y del narco. Las adicciones en este país son tratadas como problema de seguridad, cuando en realidad son problemas de salud. No habría narcos si no hubiese adictos; no habría padres golpeadores si hubiera buenos tratamientos psicológicos y buenas medidas contra el abuso del alcohol. No habría necesidad de aislar a los fumadores si esto e convirtiera en un problema de salud y no de guerrilla urbana.

Supongo que lo peor de todo es que cada vez se nos ve peor. La señora ya no se acuerda del día que me percaté de que el humo le incomodaba y apagué mi cigarrillo; ahora sólo se fija en que estoy encendiendo uno en un lugar donde no debería. No soy un ciudadano de segunda, ni siquiera un adicto (aunque esto último sí lo sea). Pero eso no importa: la tele (y la otra ciudadanía, la ceguetas) ya me dictó sentencia.

gimmicks

Febrero 6th, 2008

Quizá la parte más difícil de tener (vivir en) un sitcom sea definir los gimmicks. O sea: “That 70’s show” tiene la mesa pacheca y el lanchón en el que esos hippies viajan por todos lados; “Friends” tiene el café, las canciones de Phoeby y un montón más. Para nosotros, en “Los Rodrigos”, los chistes repetidos y los lugares que anticipan una situación precisa son cada vez más claros. Pongamos ejemplos:

- Por la mañana, cuando Roomie Ro y yo viajamos en su Pointer amarillo (que de por sí es un gimmick) siempre contamos los chistes más cagados del día, y siempre, invariablemente, terminamos diciendo: “¿Ya viste a la vieja de al lado? Parece que está rica”. Eso, en nuestro mundo de celuloide, sería como la línea de bajo de Seinfeld.

- Roomie Ro posee un gimmick sin comparación: es sonámbulo. No de los que sale a caminar y eso, no: es de los que adquiere, literal, otra personalidad en sus momentos alpha. Por ejemplo: si uno se está preparando un sándwich a la mitad de la noche y el olor lo despierta, Ro correrá a la cocina y se volverá tremendamente agresivo. Dirá cosas como “ya, cabrón… total si ceno dos veces es mi pedo, hazme un sándwich”. Luego yo le replicaré que no, que si te hago un sándwich mañana vas a estar encabronado porque cenaste dos veces. No, me vale madre si ceno dos veces y a ti debería valerte madres. Bueno ya, cénatelo. En efecto: al día siguiente, está encabronado porque cenó dos veces. Esas cosas.

- Yo tengo otro gimmick muy particular. Somatizo. Todo. Siempre. ¿Tendré una importante entrevista para un artículo? Asegurado, tendré diarrea. ¿Voy a tener una cita con una chica que me gusta mucho? Me saldrán barros, o un fuego. No nos vayamos más lejos: en mi imaginario, la palabra “estrés” significa dermatitis… en las manos.

Así que, bueno, ya se ve: los gimmicks trazados. Creo que tendría que poner un ejemplo más claro en un capítulo concreto. El capítulo se llama “Picnic vs. Woodstock”, y la trama es ésta:

- Vania, la novia de Roomie Ro, cumple años y decide organizar una fiesta. La fiesta será un picnic en su casa.
- Ruy, aventurado muchachón, le propone poner la música. Entre chistín y no, le dice que, además de la música, puede tocar en vivo con su banda. Vania acepta la idea.
- Obvio, Ruy, a esas alturas no tiene banda. Así que se hace de los mejores hueseros que puede encontrar, teniendo sólo un mes para ensayar y eso.
- Se hace la selección musical de manera expresa para que la gente cante. En el fondo, todos los integrantes de la banda odian casi todas las canciones. Su única intención (de los cuatro) es ligonear. Avisan a todos sus conocidos, y anuncian el toquín como LA presentación de su vida.
- A dos semanas del toquín, descubren que no es que el bajista sea malo. Sólo está, digamos, oxidado. Además, sí, le cuesta trabajito. El punto es que Wallace, el guitarrista, pierde el quicio con eso. Tensión.
- A una semana del toquín, el baterista choca. Y se lastima el cuello. Lo más probable es que termine tocando con collarín. Quite a picture.
- A tres (TRES) días del toquín, Ruy, vocalista, hace lo que sabe hacer… y somatiza. ¿Dónde? Sí: en la garganta y vías respiratorias. Pánico general. Corte comercial (y regresamos a tercer bloque: la conclusión).

Así que imaginen la escena. Ayer comencé a sentirme mal; hasta hoy (unas 17 horas después) ya he tomado: miel con limón, el té milagroso de la abuela (que incluye tequila y aspirinas antes de dormir), harto Redoxon, una Tabcín 500 y mucha mucha agua. En la tarde voy por Isodine Bucofaríngeo y descanso.

Si alguien sabe de más remedios para curar un ataque de nervios somatizado en garganta, lo agradeceré mucho. Tanto, que hasta le daré un papel en la serie: el del curandero con el gimmick de salvar la tarde (como Wilson, ajá).

sick lullabys (peligros de la vida nocturna)

Enero 29th, 2008

Iba a postear algo sobre los peligros de la vida nocturna; algo sobre cómo el haberme convertido en Editor de Vida Nocturna® de Chilango me ha hecho alguien más frágil y temeroso (léase: alguien con constante pájaro-piedra™, alguien que, inclusive, ha inventado ya otro pájaro-piedra™: el existencial); cómo he sufrido en algunas ocasiones por los grados de alcohol en mi sangre; cómo me cuesta trabajo entender como por qué tendría que parecerme cool la idea de convertirme en P. Diddy región 4, y como por qué todo mundo pone la misma cara de “te cae” mientras me confiesan que no-mames-tienes-el-mejor-trabajo-del-mundo; cómo mi condición física se está yendo al traste y cómo extraño (chaira, chairísimamente) hacer yoga todas las mañanas. Iba a decir que si hay algo bueno en antrear casi todos los días es la llegada de esos otros días (generalmente se apellidan “Lunes”) en los que uno puede dormir toda la noche a sus anchas y disfrutar de la otra vida nocturna, la de uno.

Iba a escribir todo eso, de la vida nocturna, y mi otra vida nocturna, que en últimas fechas invierto en imaginar el día (que ya se acerca, oh) en el que toque con mi banda, todo rockstar y así.

Iba a escribir todo eso, pero me desvelé aprendiéndome la letra de “Mr. Brightside” y “Aquí no es así”, y ahora tengo mogollón de sueño y el maldito sonsonete ese de “now I’m falling asleep” no me deja en paz. *sigh*